Tuesday, 29 September 2015

Kuhn, Lakatos, Popper, Feyerabend y la Revolución Copernicana (sobre el sentido de las hipótesis en la investigación racional)

El Austroliberal, Birmingham 30 de Septiembre de 2015, por Jorge A. Soler Sanz

Antes de Copérnico, lo propio de la astronomía consistía en salvar las apariencias fenoménicas[i] mediante expedientes matemáticos capaces de describir el movimiento de los astros, pero no de explicarlos. Los modelos anteriores siempre partieron de supuestos sobre la verdadera naturaleza del cosmos, pero la función de los aparatos y expedientes de tales modelos jamás fueron integrados en un sistema explicativo único y consistente. En tanto en cuanto el modelo servía para navegar por altamar y predecir la posición correcta de los astros, la cuestión de qué los movía o mantenía en su órbita quedaba fuera de lugar. Fue en verdad sólo a partir de Newton que la ciencia comienza a contar con un modelo teórico consistente que explica el movimiento de los planetas en función de sus centros de gravedad y masas relativas, pero en la época de Copérnico, cuando uno miraba al cielo, lo que descubría era un caos. Partiendo de la hipótesis aristotélica que situaba la tierra en el centro de una serie sucesiva de esferas concéntricas, el trabajo de Tolomeo consistió en desarrollar un cómputo matemático para calcular la posición de los astros que además no contradijera su movimiento aparente tal y como éste se percibía, lógicamente, desde un punto de observación que no se encuentra estacionario, sino que se hallaba su vez en movimiento con el resto de planetas. Para explicar este caos aparente, en el sistema de Tolomeo se asumía que los planetas se movían en epiciclos sobre centros de gravedad imaginarios que a su vez transcurrían por otro círculo mayor o deferente. A pesar de que el sistema no era considerado geocéntrico, los planetas no circulaban en torno a la tierra, sino en torno a otro punto imaginario que se denominó excéntrica.

El problema con el sistema de Tolomeo residía en el hecho de requerir un conjunto cada vez más complicado de hipótesis ad hoc para poder explicar el movimiento aparente de los astros. Es decir, que su sistema era bastante artificioso y poco elegante, pareciéndose éste más a un trabajo de collage que un orden armónico lleno de parches por todos los lados para salvar las apariencias. En el sistema de Tolomeo, los epiciclos giraban a lo largo de la deferente de forma uniforme, mientras que la deferente sólo lo hacía al mismo ritmo si se la medía desde otro punto imaginario que se situaba a la misma distancia de la excéntrica denominado ecuante. Lo que Tolomeo descubrió fue que lo constante del movimiento residía en su momento angular con respecto a este punto imaginario, pero no con respecto a la tierra o el centro geométrico de la deferente en sí. Es precisamente en el intento de eliminar las distorsiones aparentes del modelo que la inclusión de este aspecto en la teoría de Tolomeo le da su sello característico. Y es que la teoría de Tolomeo sobre el movimiento de los astros era una de ecuantes.

La aportación de Copérnico a este modelo no fue de fondo, sino de forma. Lo que Copérnico tenía en mente no era poner en cuestión la validez del modelo geocéntrico de Aristóteles, sino simplificar el cálculo en el aparato de Tolomeo. Esta es precisamente la razón de que, a pesar de las opiniones contrarias que recibió su trabajo, éste no recibiese amonestación formal alguna por parte de la Iglesia, que por turno, si recibiría Galileo más adelante. En su tratado anterior al De Revolutionibus (Commentariolus), que en esencia fue un manuscrito que el mismo Copérnico distribuyó entre sus más cercanos amigos y compañeros de oficio, éste deja bien claro que su propósito o idea es la de simplificar el cálculo tolemaico de las tablas alfonsinas, las cuales constituían la versión oficial de la época, pero no contravenir el modelo geocéntrico en sí. El propio Osiander que prologa el libro de Copérnico (ad lectorem) explica al lector cómo la intención de Copérnico no fue la de describir la verdad en sí sobre el movimiento de los astros, sino sólo la de simplificar el cálculo matemático del expediente tolemaico. Este paso lo dará Galileo más adelante afirmando la realidad ontológica del modelo, que no sólo representa un expediente matemático para salvar las apariencias, sino que también refleja la verdadera naturaleza del mundo y el tránsito de los astros.

Hoy día ya sabemos que estas anomalías, y sus intentos de resolverlas, tienen su causa en la proyección del movimiento terrestre sobre el movimiento de los astros. La idea de cambio de paradigma de Kuhn, de "programa de investigación" de Lakatos o de inconmensurabilidad entre paradigmas de Feyerabend resulta aquí pertinente al caso. En la concepción de estos autores sobre el cambio científico (especialmente Lakatos), las hipótesis adicionales cumplen un papel fundamental a la hora de solucionar este tipo de anomalías en nuestros actuales modelos teóricos. Expresado en la terminología de estos autores, puede decirse que todo programa de investigación parte de principios (core ideas) que no responden a ningún principio de ciencia (heurística) común sino a un tipo de ideología dominante (Feyerabend). Es precisamente por este motivo que la interpretación fuerte del racionalismo austriaco (sin hipótesis auxiliares), posición esta donde si se acepta la idea correcta de que existe un principio universal de progreso y objetividad que guían las ciencias, denuncie este enfoque como de "relativista," "hermenéutico" y "falaz."

Incluso si se admite la idea de que no existen marcos teóricos universales que hagan posible el progreso científico de forma coherente, ordenada y compatible, habrá de admitirse que las teorías, en tanto que constructos racionales, persiguen unos objetivos dentro de un rango de aplicación concreto donde éstas serán o no compatibles entre sí (Hoppe). Pero partir de este supuesto es un absurdo. La razón fundamental por la que una interpretación racionalista fuerte (praxeología) debe rechazar toda hipótesis adicional se debe al hecho de que no queramos que la investigación en el ámbito de la economía se convierta en una de epiciclos y ecuantes (que es lo mismo que decir de rizos sobre rizos). Y sin embargo es el propio Lakatos el que nos da un atisbo de heurística sana en la distinción que realiza entre programa de investigación progresivo (las hipótesis adicionales dotan de mayor poder explicativo a la teoría) y regresivo (las hipótesis adicionales se incluyen como apoyo auxiliar frente a las anomalías). La única puntualización que puede hacerse desde una posición racionalista fuerte  frente a esta distinción reside en subrayar el hecho de que las hipótesis sanas no hacen referencia a los hechos, sino a las ideas. Los principios de partida de un modelo teórico nunca podrán ser contrastados con lo real, pues para poder contrastar algo necesitamos un modelo teórico previo que dé sentido a nuestras observaciones. No resulta razonable requerir que los primeros principios de una teoría puedan ser verificados, pues no disponemos de fenómeno alguno contra los cuales medirlos o contrastarlos.

Todo enunciado que afirme o niegue algo sobre la realidad contiene por ello mismo instrucciones precisas de cómo medir su valor de verdad, y esto se aplica también en el ámbito de las ideas. Tanto en el caso de las ciencias naturales como en el de las sociales, no es posible valorar hecho o idea alguna sino es sobre la base de un conjunto de creencias previas, pues la filosofía todavía no cuenta con un lenguaje de observación puro. Si se quisiera poner a prueba este conjunto de creencias previas se necesitaría a su vez de otro conjunto de creencias previo al anterior que otorgue sentido a nuestras observaciones, tanto en el mundo racional como en el empírico. Esto implica que, si no se quiere partir de un conjunto de hipótesis o axiomas arbitrarios imposibles de justificar (ni por medio de la razón ni por recurso a la experiencia), se haya de preferir partir de la certeza inherente a todo enunciado analítico, sobre todo, si se pretende un rango de aplicación "universal." Y sin embargo, tomar constancia de estos principios no tiene nada de natural.

Parte de la acusación de irracionalistas o relativistas a estos autores no reside ya tanto en lo que estos dicen o afirman sobre el método científico, como en la congruencia de sus afirmaciones. En su libro Against Method and Science in a Free Society Lakatos realiza una interpretación correcta de la racionalidad del caso contra Galileo donde se defiende la racionalidad de la iglesia frente a la irracionalidad y cabezonería del último que no es compatible con la creencia previa del autor de que no existe un patrón de medida racional único en función del cual medir la validez de una teoría, ¿Pues a qué racionalidad apela Lakatos para afirmar que la Iglesia si fue racional mientras que Galileo no lo fue? Es obvio que él se refiere a la congruencia de los principios de partida con los fenómenos observados, es decir, la relación existente entre el conjunto de creencias previas que confirmaban lo observado en los fenómenos y la idea de que la tierra se encontraba en verdad estacionaria (los cuerpos caen de forma vertical, no existe el viento de cola, imposibilidad de probar la paralaxis, los movimientos observados de los astros, etc.), ¿Pero qué es lo que nos permite determinar que en este caso era racional defender un cuerpo de creencia erróneo mientras que defender la postura correcta no lo fue? O expresado de otro modo, si todas las teorías son inconmensurables entre sí, ¿Por qué la actitud de Galileo si es irracional mientras que la de la Iglesia no lo fue?[ii]

¿Quiere esto decir que toda hipótesis que se lance es de por si mala? Es obvio que no se puede negar el valor de lanzar una hipótesis atrevida en el marco de las ciencias naturales (tesis heliocéntrica, restructuración teórica de todo el modelo), pero el abandono de una teoría por otra sólo tiene sentido si se parte de un proceso de racionalidad común previo que las haga conmensurables. El proceso que define la racionalidad de una teoría en este rango de aplicación no es distinto del que opera en las ciencias sociales. La historia de la ciencia es una que nos habla del poder explicativo y predictivo de las teorías precisamente a partir de la inclusión o no de hipótesis auxiliares (cuánto se explica más que la teoría anterior, qué queda fuera, qué se gana, etc.), pero el valor de toda teoría no es histórico o local, sino universal y genérico al hallarse operando los mismos principios de razón sobre el proceso de elección en sí. El sentido de incluir hipótesis adicionales en la investigación racional persigue el mismo objetivo de reestructuración del modelo de partida que el que se persigue en las ciencias naturales. Que los principios de partida sean racionales no quiere decir que se trate de verdades que sean autoevidentes, pues su valor de verdad sólo se nos pueden hacer patentes en la reflexión o el estudio.

Desde este punto de vista, el sentido de toda hipótesis adicional sana es el de buscar contraejemplos, no apuntalar el aparato teórico deficiente previo que ya no funciona. Pero una teoría no puede validarse o no por recurso a la experiencia, sino por medio de la introspección de los principios de razón que dan sentido a nuestras observaciones. Una cambio de paradigma no ocurre sobre la base de una nueva interpretación de los hechos incompatible con el aparato teórico anterior, sino reexaminando los principios de razón que dan sentido a lo que vemos. La razón de que esto sea así se explica por el hecho de que no haya nada en los hechos que nos permita decantarnos por diferentes teorías en pugna, pues que dos teorías se hallan en pugna implica una diferente interpretación de los fenómenos. Si lo que se pone en cuestión es la interpretación de un fenómeno, examinar ese mismo fenómeno no sirve para salir de dudas.

El estatuto de verdad de una teoría, siguiendo a Quine, no puede medirse de forma aislada por medio de enunciados concretos, sino que debe hacerse en conjunción con otras hipótesis y asunciones de fondo adicionales. Se trata de la tesis Duhem-Quine sobre la imposibilidad de confirmación aislada de hipótesis al requerir éstas de otras hipótesis y supuestos de fondo que dan forma y consistencia a la teoría. La forma de operar aquí es muy similar al proceso de confirmación y invalidación de hipótesis en el mundo racional. En el ámbito empírico una hipótesis aislada es incapaz de realizar predicción alguna mientras que en el ámbito racional éstas carecerían de implicaciones. Y aquí la ciencia tiene dos formas de operar. En el caso de Copérnico, tal y como fue, se puede argumentar que los objetos caen siempre de forma perpendicular y que ello invalida la idea de que la tierra pueda moverse alrededor del sol. Pero el hecho de poder aceptar esta hipótesis como valida depende a su vez de otras serie de hipótesis y supuestos que no se encuentran de partida en la hipótesis original de que los cuerpos siempre caen de forma perpendicular al suelo. Es decir, este enunciado contiene una carga teórica que no es susceptible de verificación empírica. Al objeto de afirmar lo contrario, uno siempre podrá desarrollar una forma diferente de cálculo al estilo de Tolomeo que salve el nudo central de nuestras afirmaciones frente a la aparente contradicción que se mantiene con los fenómenos. Es por eso que toda forma de testeo, incluso en el ámbito de las ciencias naturales, tiene un carácter racional y no empírico pese a las apariencias.

Realizar una hipótesis implica que uno desconoce algo. Esta es la razón de que toda hipótesis, si se realiza, deba de tener una carácter provisional y transitorio. A diferencia de lo que piensan los críticos del método racional, se trata aquí de un saber abierto a campos insospechados, no cerrado y hermético. De forma tradicional se ha argumentado que el método racional no nos puede llevar a descubrir nada nuevo (se cierran las puertas a la investigación), pero esto no es cierto, pues al pensar en las implicación de los conceptos e ideas que se presentan, y al desmadejar sus entresijos, uno aprende cosas nuevas. Y es obvio que uno no puede aprender nada nuevo preservando al mismo tiempo el aparato conceptual antiguo que daba sentido a nuestras observaciones (el saber de nuevo cuño siempre desplaza al viejo y obsoleto).

Lo que pone en evidencia actitudes como la de Tolomeo se ve claro en el hecho de que resulta perfectamente posible mantener un mapa inadecuado del mundo que no contradice a la experiencia por medio de incluir parches adicionales al modelo original que nos ayuden a "salvar las apariencias" fenoménicas (programa de investigación regresivo). El hecho de contar con un aparato keynesiano que dispone de abundantes instancias empíricas de confirmación que lo avalan no implica que uno tenga un mapa adecuado del mundo capaz de explicar el comportamiento humano de forma eficaz y fidedigna, sobre todo, si en lugar de explicar "más" cada vez uno explica "menos." En este orden de cosas, por ejemplo, resulta perfectamente posible mantener la idea de incorrecta de que un aumento de la masa monetaria no produce inflación si ello se da de forma pareja a un aumento paulatino de la producción, medir en la realidad y comprobar que ello efectivamente es así, pues si hubo inflación, siempre se podrá argumentar que la producción no aumentó de forma consecuente con el incremento del dinero. Y un constructo teórico que necesita de tantas hipótesis y parches adicionales no puede ser de fiar. Es decir, que siempre se ha de poder preferir la explicación más simple.

Conclusión:

La confusión de autores como Kuhn sobre el proceso de cambio científico y la inconmensurabilidad de los paradigmas reside en el hecho de no admitir que todo proceso de confirmación siempre es racional pero nunca empírico, tanto si éste se da en el ámbito de las ciencias naturales como en el de las sociales. No hay nada en la realidad que nos permita decantarnos entre dos teorías en pugna al margen de todo sistema conceptual previo. Una hipótesis sólo representa en apariencia el punto de partida del cálculo porque ninguna cantidad dada de datos empíricos puede poner a prueba los principios de base que dan sentido a nuestras observaciones. Si uno quiere decir que su cálculo parte de una hipótesis, es fácil mostrar mediante tesis Duhem-Quine que ello no es así, pues resulta del todo imposible presentar una hipótesis si algo no se percibe como problema. Es decir, el hecho de constatar la hipótesis en el cálculo implica de por sí que existe un conjunto de creencias previos en conjunción con los cuales aquella tiene sentido. Y esos principios de razón que dan sentido a la hipótesis en sí no son susceptibles de verificación empírica. La única manera que se tiene de modificar estos principios es por medio del examen racional; no por recurso a la experiencia, pues todo enunciado empírico contiene una carga teórica.





The Duhem–Quine thesis (also called the Duhem–Quine problem, after Pierre Duhem and Willard Van Orman Quine) is that it is impossible to test a scientific hypothesis in isolation, because an empirical test of the hypothesis requires one or more background assumptions (also called auxiliary assumptions or auxiliary hypotheses). The hypothesis in question is by itself incapable of making predictions. Instead, deriving predictions from the hypothesis typically requires background assumptions that several other hypotheses are correct; for example, that an experiment worked as designed or that previous scientific knowledge was accurate. For instance, to "disprove" the idea that the Earth is in motion, some people noted that birds did not get thrown off into the sky whenever they let go of a tree branch. This is no longer accepted as empirical evidence that the Earth is not moving, because we have a better understanding of physics.










[i] Fue Duhem el que nos legó la definición más precisa de "salvar los fenómenos" (σῴζειν τὰ φαινόμενα, sozein ta phainomena) frente a la idea de "explicación" al amparo de la "Revolución Copernicana," pero la inspiración la obtuvo éste de Tomás de Aquino y su idea de que los fenómenos también podían describirse en función de su apariencia sensible (possunt salvari apparentia sensibilia).
[ii] Lo común entre los historiadores de la ciencia es la de aceptar esta interpretación correcta sobre la racionalidad del proceso a Galileo. Es el saber popular el que normalmente presente a Galileo como un mártir de la ciencia frente al dogmatismo eclesiástico, pero lo cierto es que Galileo jamás pudo satisfacer las condiciones de verificación que le impuso la Iglesia. Es decir, que contra toda evidencia, éste decidió publicar su libro, y ello, con toda la soberbia del mundo.  Copérnico fue más humilde, probablemente, por ser conscientes de tales objeciones y no tener una respuesta convincente a las mismas (véanse las críticas de Tolosani), pero Galileo quería tener razón.

Seis razones por las cuales se debería rechazar el principio de no agresión

Se nos acusa a los aprioristas de que una de las cuestiones obvias que se derivarían de la instauración de un sistema de intercambios voluntarios viene dada por la esclavitud infantil, el uso permisivo de las sustancias de abuso, el sexo pagado y la inmoralidad generalizada. O por lo menos, así de claro parecen tenerlo algunos autores que ven implicada la esclavitud infantil en el apriorismo extremo. "Lo que vosotros queréis," dicen algunos apuntándonos con el dedo, "es sacar a los niños de la escuela, ponerles cadenas y obligarles a trabajar en minas a trabajo forzado." Y ello, una vez se haya instaurado ese reino añorado por todos nosotros (austriacos malvados) del capitalismo de "libre mercado."

Este es precisamente el trasfondo que rezuma el artículo escrito por el profesor Matt Zwolinski titulado "Six Reasons Libertarians Should Reject the Non-Aggression Principle" (Seis razones por las cuales el libertarianismo debería rechazar el principio de no agresión).[i]  Matt Zwolinski parte en este escrito de la idea del axioma de no agresión libertario y justifica su rechazo sobre la base de seis puntos o consecuencias lógicas a las que él dice aboca este principio.

El profesor Matt Zwolinski tiene razón al denunciar que toda la ética libertaria gira en torno a los derechos de propiedad. Tradicionalmente, el racionalismo liberal en EEUU y Europa ha tratado de venir a definir estos principios en base a los denominados derechos naturales y su fundamentación lógica.[ii] Aquí no podemos entrar en los pormenores respecto al surgimiento del derecho natural y el tipo de implicaciones teológicas que supone partir de una teoría de los derechos que es inmanente, pero si queremos decir brevemente que la fundamentación de estos principios de la filosofía natural en base a los derechos de propiedad representa en verdad un salto cualitativo respecto del enfoque anterior al objeto de hacerlo coherente con el modelo económico que hoy día mantiene la escuela austriaca de economía. Es decir, que de alguna manera se trata aquí de integrar el ámbito ético y económico en una sola teoría que explique las mismas cosas, pero que carezca por otro lado de la implicación no deseada en un modelo de ciencia de tener que postular divinidades o entidades del sentido.

La queja del profesor Matt Zwolinski reside en el hecho de que él considere la plausibilidad del principio de no agresión como algo superficial. Para Matt Zwolinski:

"...por supuesto que es de sentido común pensar que la agresión sea una cosa mala. Pero lo que si queda lejos del sentido común es creer que su maldad sea absoluta, de tal manera que la incorrección del agredir se ponga delante de cualquier otro tipo de consideración sobre la justicia o moralidad política.[iii]

Según Matt Zwollinski, existiría una diferencia de grado entre partir de una prohibición absoluta o una presunción fuerte pero debatible sobre el principio de no agresión. Existen casos, dice el autor, donde, por ejemplo, el imponer un impuesto mínimo a los más ricos podría repercutir en la mejora sustancial del conjunto de la sociedad, así que partir de la absolutidad de este principio impide tener en cuenta otros beneficios que podrían ser superiores a la agresión misma.

Para Matt Zwollinski el principio de no agresión habría de ser descartado porque:

1. Prohíbe toda polución
2. Posee una actitud de todo o nada frente al riesgo
3. No prohíbe el fraude
4. Depende de una teoría de la propiedad subyacente
5. Prohíbe las pequeñas agresiones cometidas en aras del bien común
6. Hace la vista gorda sobre la responsabilidad parental en el cuidado de los niños

El punto 1 se debe, según lo ve el propio Zwollinski, al hecho de que al estar toda agresión prohibida, cualquier cantidad de polución, por pequeña que sea, debería estar prohibida también al representar ésta una iniciación de la violencia contra gente que no nos ha hecho nada o dio muestra de guerra alguna. Pero esta conclusión es incorrecta, pues al estar el principio de no agresión fundamentado en torno a los derechos de propiedad, una de las implicaciones es que no puede darse una situación de crimen sin víctima. Es decir, que para que pueda decirse que se ha cometido un crimen alguien tiene que poder presentar cargos. De otra manera se acaba con la solución poco satisfactoria de tener que adjudicar a una tercera partida la tarea de emitir un juicio de valor sobre eso que se enjuicia como tutor y garante de la humanidad entera.

Una de las cuestiones que 2 parece querer implicar es que, o bien toda forma de riesgo ha de estar prohibida (por poner a todo el mundo en peligro), o bien ser permitida (pues la agresión sólo se revela como tal una vez ésta se ha manifestado y no antes). Si se admite que 2 es la postura correcta," se pregunta Zwollinsky, "qué actitud se debería de tener si alguien pusiera una sola bala en un revolver y en lugar de matarnos éste se dedicara a jugar con la probabilidad dehacerlo apretando el gatillo. Si sólo se puede castigar un crimen una vez éste se ha cometido, el hecho de que yo juegue a la ruleta rusa con alguien debería de permitirse al no representar una agresión física de ningún tipo. Sin embargo la respuesta aquí parece obvia y no creo que este punto requiera de mayor aclaración. Si alguien te apunta con un revolver en la cara, no preguntes si se trata de la ruleta rusa: saca el tuyo y dispara con un 100% de certeza y sin ambigüedades. No existe problema legal alguno que deba preocupar aquí, sobre todo si hay testigos. No sé si se habrá dado cuenta Zwollinsky de ello, pero en una sociedad sin Estado no hay organismo alguno que nos impida a todos llevar armas.

Hemos de reconocer que el punto 3 nos deja un poco perplejos porque el fraude, si se puede probar mediante contrato, representa en verdad un atentado contra el principio de no agresión. Lo que no puede existir, sin embargo, es una ley que nos prevenga de la estupidez o el descuido. El argumento de Zwollinsky gira sobre la idea de que el principio de no agresión sólo prohíba la iniciación de la violencia "física," y el fraude, argumenta el autor, no lo es. Si yo adquiero algo mediante mentiras y engaños, y si la gente me otorga voluntariamente eso que pido, en verdad no estaría ejerciendo violencia alguna contra nadie. Pero si la policía viene a mi domicilio, rompe la puerta de mi casa, y me sustrae todo lo así adquirido, sería más bien ésta la que estaría iniciando la violencia sobre mí y no lo contrario. Esta postura, por la misma regla de tres, implicaría que el robo con fuerza sobre las cosas, y no las personas, también habría de estar permitido, o la suplantación de la personalidad con fines criminales (extraer dinero de la cuenta de alguien, por ejemplo), las amenazas, etc. Como la otra cara del principio de no agresión viene dada por los derechos de propiedad en sí, resulta del todo imposible definir la violencia si se prescinde de los mismos. Es decir, que el determinar que es violencia o no depende de qué derechos de propiedad pueda tener alguien. Siempre que surja una duda sobre quién tiene derecho a usar algo, sólo hay que preguntarse por el dueño de la cosa.

Este argumento no se sostiene debido a la concepción errónea de partida que se hace del principio de no agresión. Y una implicación de mantener 3 es que este punto reconoce los derechos de propiedad de los individuos (debido a la posesión de facto del propio cuerpo), pero no sobre las cosas. Este principio no prohíbe el uso de la fuerza en sí, sino el uso ilegítimo de la misma, de tal manera que es posible reformularlo como el principio de no coerción o de la no iniciación de la fuerza. Es decir, que la agresión lo es en tanto en cuanto ésta se dé en un entorno de coacción, pues la ley no puede sino guardar silencio frente a ese que reciba tortas de forma voluntaria. Zwollinsky tiene razón al implicar que los términos "coacción" o "violencia" sólo se pueden aplicarse sobre individuos y no las cosas (pues resulta del todo incorrecto decir que alguien estaba maltratando una piedra), pero en base a una teoría coherente del derecho resulta del todo posible decir que alguien ejerció "fuerza" de forma ilegítima sobre un objeto (bien sea por haberlo sustraído, deteriorado o dañado de otro modo). Es obvio que quién rompe un jarrón de forma ilegítima no está cometiendo un asesinato, pero son precisamente los derechos de propiedad los que nos permiten distinguir entre lo uno y lo otro: una cosa es robar y otra asesinar.

Respecto del punto 4 cabría decir que ya no se trata tanto del hecho de que el principio de no agresión dependa de una teoría sobre la propiedad subyacente, sino que esa teoría constituye en verdad un resultado lógico de mantener esta postura. Si se admite el hecho de que yo pueda reclamar algo para mí que no tenga dueño (una piedra en el camino), o si alguien me da o intercambia algo de forma voluntaria, queda implicado en el argumento que la tal cosa "es mía" por haber llegado ésta a mi sin yo haber ejercido violencia o fuerza sobre persona alguna o sus pertenencias. Contra este ejemplo se puede argumentar que nadie en verdad tiene derecho a quedarse para sí algo que pudiera constituir un bien económico, pero decir esto ya implica los derechos de propiedad en sí (o la posibilidad de que los pueda haber). Además, sólo los individuos concretos (no una tercera partida exterior al mercado o la relación misma) son los únicos capacitados (en función de su sistema temporal de preferencias), de determinar "qué es un bien económico" y en qué medida. Este tipo de argumentos son inválidos y fáciles de replicar. Si la tal cosa no la puedo reclamar para mí por ser ésta un bien económico en potencia, ¿cómo se determina esto desde el preciso instante en que me encuentro yo sólo en mitad del camino y no hay nadie que se me oponga? Y si hay alguien que se me oponga, ¿de dónde surge la autoridad de determinar quién tiene derecho a hacer algo con la cosa si se niegan los derechos de propiedad en sí?

El punto 5 es quizás el más fácil de rebatir. Aquí se reconoce que la absolutidad del principio de no agresión impide cometer pequeñas agresiones (delitos de poca monta) a cambio de mejoras para la sociedad que pueden ser sustancialmente mayores que la agresión misma. Zwollinsky pone aquí como ejemplo el exigir un impuesto mínimo a los más ricos para, por ejemplo, financiar a niños pobres, enfermos y sin recursos. Zwollinsky denuncia que el daño que se hace aquí no es comparable con el beneficio tan grande que se obtiene, sobre todo, si se trata de ayudar a los más desfavorecidos.

Una de las implicaciones más obvias de este argumento reside en el hecho de que, a no ser que se considere que el Estado posee poderes y derechos especiales y exclusivos que no poseen los votantes mismos, es que todo el mundo podría cometer crímenes de poca monta siempre que se pudiera justificar ese bien ulterior y mayor al que se renuncia por no hacerlo. ¿Pero qué sentido tiene justificar frente a un juez que uno robó diez manzanas, por ejemplo, para dar de comer a diez niños hambrientos sin recursos? Aquí queda implicado que los individuos pueden disponer de la propiedad privada de otros individuos siempre y cuando los primeros consideren que en ese caso robar está justificado. Además, ¿cómo se determina cuánto es mucho y cuánto es poco? ¿Qué pasa si, por ejemplo, según mi sistema de valores decido quitar al pobre para dar al rico con la excusa de que aquellos no valoran lo que tienen lo suficiente mientras que los ricos sí? ¿Y si me presento frente al juez con la cartera de Pedro con la excusa de que este es un alcohólico que se gasta todo en vino mientras que yo mismo soy más sofisticado y podría hacer un uso más productivo y racional de este dinero?

Pero Zwollinsky se reserva para el final (punto 6) lo que, a primera vista, parece ser el argumento más sólido de su exposición. "Si el axioma de no agresión sólo prohíbe la iniciación de la violencia, una de sus consecuencias es que no contempla los delitos de "omisión." Un padre que dejará así morir de hambre a un bebé de 3 meses, o a un niño de 3 años, en verdad no estaría cometiendo crimen alguno. Los delitos por omisión tienen el sentido jurídico de penar por lo que "no se hace," mientras que el axioma de no agresión sólo prohíbe eso que se hace.

Sin embargo, antes de responder de forma tajante a esta cuestión, permítame el lector una breve aclaración sobre el tipo de implicaciones que supone este argumento. Aunque Zwollinsky no lo dice de forma expresa, si que podemos estar seguros de que, según el autor, la postura correcta a defender es precisamente la opuesta a lo implicado por la derivación que éste hace del axioma de no agresión. Es decir, que de este resultado se puede inferir la creencia positiva del autor sobre la legitimidad de la intervención por parte del Estado cuando se dan este tipo de sucesos. En esta medida, en esta categoría entrarían todos los casos relativos a la protección del menor, pero también al cuidado de los ancianos, personas discapacitadas, o cualquier individuo o grupo humano que no posea la capacidad de procurarse el alimento por sí mismo.

En este caso también se obtiene un resultado que constituye en verdad una petición de principio no justificada. Este principio podría formalizarse de la siguiente manera:

a. Al objeto de prevenir la inanición de A, B podrá adjudicar a C la tarea de alimentar a A en base a una tabla de criterios arbitrarios.

¿Qué otra cosa sino se demanda cuando se pide que C pague en forma de impuestos por la manutención A? ¿No sucede aquí lo mismo que en el caso anterior de las manzanas? Y si B en verdad ve un problema en la escasez que padece A, no sería más justo y ético que, en lugar de disponer de la salud económica de los demás, éste financiara de su propio bolsillo su manutención? ¿Qué merito moral hay en determinar que otro sujeto sino "yo mismo" tiene la tarea de solucionar el problema de este tipo de injusticias en el mundo?

Zwollinsky no puede querer decir que sea correcto afirmar que uno tenga derecho a servirse de medios ajenos para lograr un fin moral que nos es propio. La implicación más obvia de esta postura es que B no considera en verdad el problema de la inanición de A de una manera urgente o apremiante, pues si ello fuera así, no cabe duda de que éste hubiera remediado el problema con sus propios medios en lugar de adjudicárselo a otros. Y el problema no se resuelve diciendo que un crimen, si es insignificante, deja de serlo, o que el fin justifica los medios. Pues el poder realizar esta actividad implica que se exime de toda responsabilidad social a ese individuo que, según la escala de valores que sea, se considere que carece de los suficientes recursos como para ayudar a la sociedad en su conjunto. Es así que se acaba en un sistema donde se cree que el problema de la pobreza se soluciona llamando a un número de teléfono o pulsando un botón. Si sólo los más ricos son los responsables de solucionar los males del hombre, el incentivo que se crea es precisamente el de querer formar más bien parte de esa familia "no responsable" que tiene todos los gastos pagados en lugar de querer salir de la pobreza. Es decir, que la propuesta de Zwollinsky no sólo no es egoísta (yo no soy responsable de la pobreza sino la entidad X) y convencional (debido al carácter hipotético de partida), sino "ineficaz" pues logra precisamente el objetivo opuesto al perseguido (no se logra reducir el número de afectados sino que éste aumenta).

Luego, ¿Se debe permitir la muerte por inanición? La respuesta más obvia es que "no," pero admitiendo al mismo tiempo que la responsabilidad de solucionar este tipo de problemas es del individuo, y no del Estado u terceras partidas. Cuando uno ve a un niño que está siendo maltratado, tanto si es por inanición como por otros motivos, lo más justo es pararle los pies al atacante uno mismo y no esperar a que otros lo hagan por nosotros. Esto implica presentar demandas en el tribunal y esperar que un veredicto favorable nos otorgue a nosotros la tutela del menor en peligro. La inmoralidad no es castigable penalmente hablando (desgraciadamente, dejar morir por inanición no es un delito si no existe un contrato de por medio), pero la sociedad siempre ha rechazado y marginalizado de forma tradicional a este tipo de individuos. No es tarea del Estado solucionar el problema de la pobreza en el mundo, sino del individuo; es decir, de todos nosotros o de nadie en particular.










[i] http://www.libertarianism.org/blog/six-reasons-libertarians-should-reject-non-aggression-principle
[ii] La primeras formulaciones del principio ya aparecen en épocas tan tempranas como el zoroastrismo y su idea de que el hombre nacía con derechos inalienables, y que la función del mismo, no era sólo la de obedecer al rey sabio, sino en saber cuestionar la justicia y moralidad de los edictos (Stephen Kinzer, All The Shah's Men, segunda edición, ISBN 978-0470185490). Los estoicos, por ejemplo, mantenían que ningún hombre nacía esclavo por naturaleza al ser ésta una condición impuesta a la libertad interior del alma humana. Los primeros cristianos que trataron de introducir el concepto de "derechos inalienables" tomando como punto de partida el derecho natural, fueron autores como San Agustín, Tomás de Aquinas, Francisco Suarez, Juan de Mariana o Francisco de Vitoria. Ya en el siglo XVI, y al amparo de la universidad de Salamanca, el esfuerzo tomista del pensamiento cristiano trató de desarrollar esta idea más aún tomando como base el derecho natural. El origen de esta preocupación ya parece darse en la epístola de Pablo a los Romanos (Romanos 2, 13-14) cuando éste reconoce que los "gentiles" tienen la capacidad de reconocer la "ley" en "ausencia" de la misma al llevarla impresa en sus corazones. Ya antes de la ruptura anglicana con Roma, estas nociones comienzan a introducirse en la jurisprudencia inglesa y el derecho de equidad a través de figuras como Henry de Bracton (1268) o Sir John Fortescue (circa 1476). La idea de que "el deseo del rey es ley," fue cuestionada en base a estos principios tanto por autores ingleses como Brancton que mantenía el Rey también estaba sujeto a la ley, o el padre Juan de Mariana que exhortaba a llamar al Monarca a razón cuando fuera que éste le faltara a la virtud o los principios de justicia inherentes a su mandato (DE REGE ET REGIS INSTITVTIONE, Toledo 1598).
[iii] Ibid.

Saturday, 21 February 2015

Socialismo y Cálculo Económico

Los autores de la escuela Austriaca de Economía como Ludwig Von MIses o Friedrich August Hayek siempre postularon que la propiedad privada era un requisito fundamental a la hora de desarrollar lo que ellos llamaron “el cálculo económico racional” (la idea de que el precio de bienes y servicios no puede determinarse de forma clara y con exactitud sin definir previamente derechos de propiedad). Con esta idea, Mises pretendió atacar la línea principal de pensamiento socialista poniendo en tela de juicio la posibilidad de una sociedad industrial y moderna en un entorno donde el Estado posee todos los medios de producción. En el fondo de esta cuestión, Mises ponía en tela de juicio el hecho de que la economía pudiera ser planificada de forma eficiente por parte del Estado negando los procesos de mercado y centralizando la producción y planificación del mercado.

La idea que impulsó a Mises a adoptar esta perspectiva se encuentra estrechamente relacionada con el mecanismo de precios y la información que este transmite a compradores, vendedores e inversores. Mises se dio cuenta de que era perfectamente posible usar en la producción cualquier tipo de material que fuera comparablemente eficiente con otros materiales igualmente útiles, pero que sólo el uso de los más baratos eran los más idóneos dependiendo del proyecto que se tratara. Por ejemplo, resulta del todo posible construir líneas de tendido eléctrico con plata, que es uno de los mejores conductores del mundo, pero hacerlo sería económicamente ineficiente en relación con otros materiales cuya eficiencia es comparable como el cobre y cuyo precio es mucho menor. Es precisamente gracias al mecanismo de precios (gente que puja al alza el precio de la plata debido a su escasez relativa con el cobre), que tales tipos de juicios pueden desarrollarse.
Lo cierto del asunto es que la mayoría de autores socialista se tomaron este enfoque de la forma más serie paosible. Es así que autores como Oskar Lange o Abba Lerner, tras reconocer la aportación de Mises en este sentido, propusieran erigirle una estatua para que nadie olvidara el hecho de que el mecanismo de precios también opera sobre la base de todo sistema socialista. On The Economic Theory of Socialismo publicado en 1936, por ejemplo, Lange trató de aunar la teoría marxista y clásica del mecanismo de precios proponiendo un organismo central que fijara los precios por medio del ensayo y el error al objeto de ajustar posibles carencias y surpluses con las necesidades reales del mercado. La idea de Lange es que el socialismo podría funcionar si se sustituía la planificación socialista por el mecanismo de precios. La idea principal era la de promover la producción auspiciada por el estado hasta que el coste marginal de lo producido se igualara con el precio de mercado de tales productos. Fue también este autor uno de los primeros en reintroducir la idea de Pareto eficiente en la economía y el autor de los dos teoremas de la economía del bienestar (theorems of welfare economics): los equilibrios competitivos o walrasianos llevan a la eficiencia de Pareto (primer teorema) y todos los posibles resultados que son Pareto eficientes pueden lograrse mediante pagos en bulto redistributivos gestionados por el mercado (segundo teorema).
El profesor Huerta de Soto nos recuerda aquí, muy en la línea de pensamiento que Mises y Hayek desarrollaron frente a este enfoque, la imposibilidad de todo sistema central que imite los sistemas de mercado, cosa esta, que imposibilita el socialismo de raíz. El problema con este enfoque reside en la imposibilidad de poder contar con la información adecuada por anticipado en relación con los costes de oportunidad asociados con el uso. De esta manera, es imposible que un organismo central pueda contar con la cantidad ingente de información requerida para determinar los precios de mercado eliminando al mismo tiempo los costes asociados de transacción. Para el profesor Huerta de Soto esto resulta del todo imposible si se eliminan los incentivos individuales que son los que permiten precisamente la eficiencia en el uso de recursos, lo cual, sólo se puede conseguir en un marco privado de posesión y uso de los medios de producción. La idea de Lange de sustituir al subastero walrasiano (modelo de equilibrio clásico) por la figura del funcionario en el contexto de una economía de planificación central y socialista, es del todo imposible.
En Economic Calculation under Socialismo Hayek argumenta en contra de la posición socialista diciendo que la información de la que disponen los individuos para guiarles en su actividad económica es ingente, se encuentra fragmentada y varía de forma continua en función de nuevos descubrimientos y costos de oportunidad que surgen de manera constante en los procesos de mercado. Esta información se haya indisolublemente asociada a los procesos de mercado mismos y se encuentra ligada al proceso de descubrimiento empresarial mismo. Son dinámicas como estas lo que ha hecho precisamente postular al profesor Huerta de Soto que sólo un ejército de empresarios a pie de cañón tengan la posibilidad de realizar semejantes procesos, pues tal información no puede ser consolidada en un organismo único de planificación central. El mercado es un proceso que dispone de mecanismo de retroalimentación donde la información que los actores poseen puede verse obsoleta en los estadios siguientes debido a la nueva información o líneas de actuación que antes no resultaban patentes.
En esencia, pueden citarse dos resultados que hacen de toda economía de planificación central algo indeseable: 1 La ineficiencia a la hora de distribuir los recursos y 2 la supresión del proceso democrático y autogestión. El primero de estos efectos es logístico mientras que el segundo es moral o ético. Si bien por un lado todo sistema de organización central acusa de ineficiencias a la hora de asignar recursos de forma eficiente, lo cual lleva a la escasez y falta de recursos, por el otro la supresión de los procesos de mercado exige de la existencia de un organismo de planificación central que es incompatible con el proceso democrático de toma de decisión por parte del individuo.

Friday, 13 February 2015

¿Se Puede Estar a Favor y en Contra del Coeficiente de Caja al Mismo Tiempo?

La razón principal que me impulsa a escribir este artículo es la de mostrar cómo es sólo en apariencia que estar en a favor de un coeficiente de caja al 100 x 100 exige posicionarse en contra de la expansión crediticia en base a letras de cambio . El profesor HdS mantiene la idea de que la cuentas bancarias de depósito a la vista, tal y como éstas se entienden hoy día, constituyen en verdad un ataque contra los derechos de propiedad de los depositarios y, por lo tanto, atentan contra los principios generales del derecho. Para solucionar este problema, el profesor HdS propone cuentas de depósito a la vista y cuentas de inversión, de tal manera que, el banco no pueda usar los fondos de la primera para realizar préstamos a largo o corto plazo. A modo general, la idea de HdS aquí es que el banco debe inmovilizar el tantundem en las cuentas de depósito ya que no se puede adjudicar el mismo asiento a dos personas.


A modo general, estamos de acuerdo con estas afirmaciones, pero aquí hay que hacer notar que no es lo mismo un sistema de crédito ordinario basado en Letras Reales que un sistema de crédito FIAT o curso legal. En esta medida, nuestra posición se mantiene más cerca de Adam Smith, que consideraba que las letras de cambio sólo podían extenderse sobre bienes presentes en alta demanda, que la de John Rawls, que extendía las mismas sobre bienes futuros a muy largo plazo. También nos gustaría hacer notar aquí el hecho de que las letras reales o cambio presuponen un patrón oro y que la existencia de este patrón es fundamental si se quiere expandir el crédito bancario sobre bases firmes.

En la actualidad, junto con HdS, Blumen ha sido uno de los teóricos de la economía que más se ha situado en contra de las letras de cambio argumentando que, cuando estas se producen sin contrapartida real en ahorro, lo que se produce es inflación por el aumento de la velocidad del dinero. Nuestra opinión, sin embargo, es que si se produce un ahorro debido al encaje entre los bienes presentes en circulación todavía no consumidos y las deudas a corto plazo que el banco adquiere en contra de esos bienes. Es decir, que existe ahorro real entre los activos circulantes de bienes creados y todavía no consumidos y las deudas o pasivos que se crean en el banco contra esos bienes presentes.

Supongamos el siguiente escenario. Yo, que tengo deudas en el presente dispongo al mismo tiempo de un cargamento de plátanos provenientes de Canarias y que no llegarán a puerto hasta la semana que viene. Como estos bienes presentes se encuentran en alta demanda (sé que los voy a vender en cuando disponga de ellos), yo podré ir al banco para que éste me preste dinero de nuevo cuño creando un pasivo en sus cuentas contra estos mismos bienes. El valor de este dinero de nuevo cuño o letra real (o cambio) no es adelantado por el banco, sino por la sociedad civil mediante un precio de descuento, que será tanto mayor, cuanto más alejado me encuentre yo del plazo establecido. Es decir, que es el propio mercado, y no el banco, el que en verdad me está adelantando los fondos (en términos reales) que yo necesitaré para pagar mis deudas hoy y no mañana. Si, por ejemplo, se me extienden letras de cambio por un valor de 15.000 euros que se extinguen en una semana, yo podré usar estas letras reales para pagar por bienes y servicios por un valor de, por ejemplo, 14.000 euros. Los 1000 euros restantes que el cobrador de estas reales retiene es la ganancia en forma de interés que éste recibirá en una semana cuando mi cargamento de plátanos llegue a puerto y yo pueda anular el pasivo que se encuentra en el banco y que este ha expedido contra mis bienes. Por simplificar las cosas, aquí no incluyo el % que el banco retendrá en forma de interés por adelantar este intercambio en el tiempo.

Es precisamente este valor de descuento el que garantiza que el banco no se quede al descubierto en relación a las letras reales o de cambio extendidas sobre estos bienes de consumo presente que se encuentran además en alta demanda. Lo único que garantiza el banco aquí es que promete pagar al portador de esas letra real una cantidad de oro fija (por valor de 15.000 euros en este caso) una vez esta venza en el plazo de una semana, pero quien en verdad está adelantando los fondos es el mercado mediante este mecanismo de descuento. Además, aquí hay que señalar que, en lo que a las letras reales se refiere, no existe la posibilidad de rollovers y que la deuda tiene que ser cancelada una vez se cumpla el plazo. La confusión que introduce este sistema es que es sólo en apariencia que el ahorro no se produce para poder extender este tipo de crédito. En verdad si que se produce, pero de forma líquida en lugar de ser inmovilizado en inversiones de muy largo plazo. Y el ahorro se produce precisamente por tratarse de bienes presentes que todavía no se han consumido: la finalidad de esos pasivos en verdad es la de acabar adquiriendo esos bienes de consumo presente.

Como se ve, es sólo en apariencia que este descuadre se produce. El sistema basado en letras reales o de cambio es perfectamente compatible con un sistema de encuadre del 100%, luego estar a favor de Rallo en este sentido, no implica necesariamente estar en contra del profesor HdS (o estar a favor de Fekete no implica estar en contra de Blumen). Creo que si se tuviera en cuenta este hecho, los pasivos de las letras reales deberían entenderse como un tipo de ahorro congelado en el corto plazo pero que se mantiene al mismo tiempo líquido permitiendo así que los precios no se impulsen a la baja. Y esto tiene un efecto positivo en la economía, pues permite realizar inversiones que debido al costo no se realizarían debido a la carestía de dinero. Es precisamente este efecto el que permite que la bajada de precios en un entorno sin crédito haga rentables las inversiones previas sobre bienes presentes  al no dejarlas caer por debajo de las mismas. Para que algo se pueda vender, los costes de producción deben de ser menores que los ingresos, o si no, la inversión y producción de los mismos se detendrá por la falta de incentivos.



Monday, 19 January 2015

A Favor de la Libertad Económica

Normalmente, la gente piensa en el capitalismo como si se tratara de un juego de suma cero, donde unos ganan y otros pierden. Sin embargo, aunque a algunos les pueda parecer así, la verdad es muy distinta. Si bien la explotación y acaparamiento de la riqueza, tan denunciados por la izquierda, han constituido la nota común en la vida del hombre durante milenios, lo cierto es que éstas nunca lograron generar los niveles de riqueza que vemos hoy día en sociedad. El propio Marx reconoció en una ocasión que el capitalismo había producido más riqueza en sus pocos años de existencia que en toda la historia del hombre que le precedía. Y ello, a pesar de que, en retrospectiva (no creo que Marx fuera capaz de presagiarlo), el salario de un trabajador por aquel entonces apenas rondaba el poder adquisitivo de $3 en la actualidad. Lo cierto es que desde el año 1800 aproximadamente hasta la actualidad, el crecimiento económico del individuo occidental ha crecido de forma exponencial. Si tenemos en cuenta que la condición natural de existencia del hombre ha venido definida por la pobreza, veremos también que el capitalismo es en verdad el instrumento para superarla. Lo que hacía que antes de 1800 sólo unos pocos tuvieran el poder adquisitivo para conseguir o lograrse el sustento de la vida no tenía nada que ver con la acaparamiento del capital, la propiedad privada de los medios de producción, la creación del dinero, o cualquiera de las dinámicas que hoy día la izquierda atribuye al capitalismo, sino a un sólo factor, es decir, la falta de libertad económica. El capitalismo en verdad es un juego de suma creciente donde yo no puedo ganar si el resto no gana.


Tiene que verse claro aquí que cualquier trabajador medio de hoy día dispone para sí de lujos y comodidades que muchos reyezuelos de la antigüedad (y no tan reyezuelos) jamás tuvieron para si mismos. Hay dos formas de explotación de la vulnerabilidad de ese que no tiene medios. Una es la explotación de mercado. La segunda es la explotación política. Este segundo tipo de explotación crea la condiciones en las que pueden proliferar la cartelización de la banca, los subsidios a la agricultura, el rescate de empresas, etc. Es decir, que es precisamente por causa de la explotación de la vulnerabilidad del ciudadano que los políticos logran este tipo de efectos en sociedad, pues a ellos les resulta rentable. El primer tipo de explotación, sin embargo, en la medida en que ésta se realice en un entorno de libre acuerdo, crea precisamente las condiciones en función de las cuales cada vez se hace más difícil para el empresario explotar estas vulnerabilidades, pues ello crea riqueza. Mientras que los medios políticos exponen cada vez más esta vulnerabilidad en el ciudadano, el capitalismo la reduce haciendo que cada vez sea más difícil explotar al individuo.

No cabe duda de que tanto el empresario como el político han de querer explotar la vulnerabilidad del trabajador o ciudadano. Sin embargo, como no hay sólo un empresario que desee esto, sino muchos,  la puja por la mano de obra hace de ello una labor prácticamente imposible. Si como empresario yo pujara 60 céntimos de dólar por un dólar, lo lógico es pensar que otros traten de quitarme de en medio pujando 0.61, 0.62, 0.63, etc., y ello porque sale rentable. Al pagar, por ejemplo, 0.86 céntimos por un dólar, todavía me quedan 0.14 céntimos que podré meter en mi bolsillo como ganancia. Es precisamente esta dinámica de mercado la que obliga al empresario, aunque este no quiera, o tenga un objetivo declarado por lo contrario, a pagar al trabajador por su trabajo un precio aproximado al valor marginal que éste produzca. Si contraponemos esta dinámica a la de la política enseguida veremos que ésta no se rige por los mismos mecanismos. La relación entre el político y el ciudadano no es una que venga definida por el intercambio voluntario mutuamente  beneficioso para las partes que en él participan.  Y que los acuerdos entre la sociedad civil y la clase política dirigente no vengan definidos por esta dinámica implica, entre otras cosas, que una de las partes que intervienen en este tipo de acuerdos no voluntarios gane más que la otra tras el acuerdo. Es obvio que no hace falta imponer un acuerdo que sea mutuamente beneficioso para la partes que en él intervengan.

Téngase en cuenta, por ejemplo, lo difícil que resulta hoy día encontrar trabajo en el marco institucional actual. Fundamentalmente, esta dificultad depende de 3 factores interrelacionados. 1. La falta de experiencia profesional, 2. la regulación estatal y 3. la incertidumbre. La falta de experiencia o habilidad para el trabajo tiene sus raíces en la forma en que la educación ha venido implementándose en los 2 últimos siglos. Hoy día, la idea detrás de los planes de estudio no es la de crear un individuo competente que produzca valor en el mercado y sepa explotar las oportunidades que se le presentan, sino la de formar sujetos que sepan recibir órdenes, sean capaces de llevarse bien entre sí y tengan conocimientos básicos de gramática y matemáticas. Es decir, que al individuo se lo modela no en base a las necesidades siempre cambiantes del mercado, sino en torno a las inamovibles del Estado. En cuanto a la regulación estatal, tiene que verse claro que, pese a los motivos declarados, ésta suele ir más bien en contra del trabajador y el empresario que en muchas ocasiones no pueden pactar libremente entre sí partiendo de la legislación vigente. Este ha sido precisamente uno de los factores que más ha contribuido a crear un ejército de reserva laboral tan amplio como el actual. El tercer factor, no sólo tiene que ver con el tipo de incertidumbre que se crea en el mercado tras una crisis y el futuro incierto, sino que está relacionada con las otras dos. Se trata de no saber aquí lo que uno contrata y cómo deshacerse de  ello en caso de que el acuerdo entre las partes no funcione. En pocas palabras, que se pide al empresario que contrate a ciegas al trabajador sin saber de antemano si este producirá lo suficiente, o si eso que aquél puede aportar en el entorno de la empresa se ajusta o no a sus necesidades. Lo que hace la conjunción del factor 1. y 2. es invitar al empresario a que realice una cita a ciegas con el trabajador, y lo normal en el ser humano es la aversión al riesgo.

En la otra cara de la moneda se encuentran los factores que impiden el crecimiento económico y la prosperidad, y estos, también son políticos y no económicos. Y el problema aquí, no es que el trabajador no disponga de medio de producción alguno, o que sea especialmente vulnerable frente al empresario que de este modo le explota, sino la falta de libertad económica para decidir pactar libremente las condiciones de su trabajo con el aquél. Recordémoslo una vez más. Cuanto más rica sea una sociedad, y más empresarios haya pujando por la mano de obra, menos vulnerabilidades habrá que se puedan explotar. En un momento de crisis, cuando todo el mundo está haciendo lo posible por ajustarse el cinturón y adaptarse a las nuevas circunstancias, lo que necesita el mercado, no es más regulación sino menos. Y sin embargo son pocos los alicientes que pueda tener un político aquí para dar un paso atrás y renunciar a explotar las vulnerabilidades del ciudadano en este medio. Visto el panorama, lo único que han conseguido las políticas de gobierno en este entorno se ha traducido en la creación de ese gran ejército laboral de reserva capaz de exponer este tipo de vulnerabilidades a flor de piel.

No ha sido gracias a la redistribución de riqueza, los impuestos o el socialismo en su conjunto que se ha acabado en una situación donde el hombre vive mejor año tras año, sino a una dinámica de libre mercado. Lo que nos va a sacar del agujero en el que estamos metidos no es una mayor regulación laboral y de mercado, sino la ausencia de la misma. Esto ha de obligar al político a dar un paso atrás otorgando una mayor libertad al ciudadano. Cuanto más planea el Estado nuestras vidas, menos espacio éste nos da para organizarnos nosotros.


Saturday, 8 November 2014

Por Una Sociedad Libre y Privada

El Austroliberal, Birmingham 9 de Noviembre de 2014, por Jorge A. Soler Sanz

Existe hoy día una gran confusión en relación a la forma que habría de tener la sociedad sin Estado y sus instituciones. La raíz de este problema reside en la confusión popular existente entre las funciones de gobierno y de estado, pues lo normal es que ambos términos se presenten como sinónimos cuando en realidad se trata de dos categorías totalmente distintas. De la misma manera que el feudo consiste en la dominación militar y territorial del señorío, del que éste depende para su subsistencia, el Estado es esa lacra que se adueña de forma coercitiva de la función de gobierno para poder sobrevivir e instaurar su dominio populista en el medio social.


Algo que merece la pena de destacar lo constituye el hecho de que el Estado sea posterior a la sociedad civil, no anterior, y sus instituciones de gobierno. Esto es así porque sin actividad comercial o empresarial que se precie, y esta no es una nota característica de las sociedades tribales basadas en la familia como institución de las que venimos, no puede haber recaudación de impuestos, y sin estos éste simplemente no puede subsistir. A menos que se considere a los primeros miembros políticos integrantes de los primeros estados la capacidad de crear sociedad de la nada para luego tasarla por medio de los impuestos, cosa esta que les dotaría de una capacidad humana y de visión difícil de imaginar hoy día si se tiene en cuenta la malicia y degradación propia de la actividad política, se habrá de concluir que la actividad comercial, basada en las relaciones de mercado, fue lo primero, y que el Estado sólo vino después viviendo de las mimas. Decir que puede haber Estado sin sociedad civil es como admitir que el parásito es anterior al huésped que lo alimenta, lo que constituye un absurdo biológico.

Debido a esta confusión popular entre las funciones propias de gobierno y las de estado es que, con demasiada frecuencia, se acaba concluyendo diciendo que sin Estado no puede haber instituciones, y sin éstas, la sociedad civil parece difícil de vislumbrar. Mientras que por un lado parece difícil vislumbrar la forma que habría de tener una sociedad sin instituciones de gobierno, si resulta posible elucidar el sentido y forma que habría de adoptar el medio social una vez abandonado ese lastre parasitario que vive de su sangre una vez eliminada toda función de estado. El resultado, no cabe duda, vendría simbolizado por un progreso constante y desarrollo sin parangón en la historia. Muchas actividades empresariales que hoy en día no tienen lugar, o se ven en gran medida limitadas por los impuestos y otras formas de regulación estatal, levantarían por fin el vuelo añadiendo al bienestar económico y social que hoy día presenciamos en la actualidad. Este aspecto, no visto por la mayoría de los economistas de hoy día, es lo que denominamos "costos de oportunidad," y consisten en la actividad no desarrollada pero pendiente que no puede manifestarse por falta de medios económicos y otros lastres que el Estado impone al individuo.

Si bien es cierto que la presencia omnipotente del Estado puede parecer desalentadora, lo cierto es que el futuro es más prometedor de lo que pudiera parecer a simple vista. Muchos de los cambios que se están dando hoy día, y que para muchos pasan desapercibidos, no constituyen sino más que la semilla de la sociedad que todavía está por venir. Spencer MacCallum, por ejemplo, ha sabido identificar correctamente estas tendencias "de mercado" en muchas formas de mancomunidades de inquilinos arrendatarios que hoy en día se establecen en la sociedad por todo el globo.[i] Lugares como el hotel, los cruceros de lujo, los centros comerciales, los campings, los parques temáticos y de atracciones, los centros feriales, los edificios comerciales de oficinas o apartamentos, las urbanizaciones, o los resortes turísticos, por citar los ejemplos más conocidos, ya disponen medios de seguridad privada y son capaces de ofrecer como producto comercial todo tipo de servicios sociales tales como el alcantarillado, el tendido público, calles y aparcamientos, etc., todo ello, financiado con fondos privados proveniente de los consumidores de tales servicios.

Que esto ya se esté dando, sin embargo, no explica el fondo institucional que habría de permitir el surgimiento de este tipo de venturas comerciales y sus centros de gobierno. El enfoque anarcocapitalista no prescinde aquí de toda forma de regulación, sino que señala su aspecto privado y voluntario. El pronóstico aquí dice que la sociedad se fragmentará en distintas comunidades mancomunadas de propietarios que se asociarán a un nivel superior para ser más efectivas en su interés de gobierno. Y esto quiere decir que las instituciones y centros de gobiernos también se fragmentarán en un proceso centrífugo y desunificador que se producirá en distintos órdenes de la sociedad. Cuanto más disperso y desubicado se encuentre el poder social, que de forma tradicional ha quedado concentrado en las manos del Estado, tanto más efectivo éste será debido a la competencia y los incentivos de mercado, y ello de forma contraria a la intuición. Que el Estado no pueda ser efectivo sin unificar su poder político en manos del Estado por causa de los impuestos de los que éste depende para sobrevivir, no quiere decir que la sociedad civil se vea obligada a lo mismo, sobre todo, cuando su forma de ingresos tienen una raíz voluntaria y consensuada bajo la forma de venta de productos y servicios.

La regulación del medio social caerá de esta moda sobre el individuo o propietarios de los medios de producción, y tal y como ya ocurre en la actualidad, la razón y función social de ésta tendrá su justificación en la evitación anticipada de pleitos y querellas. Y sin embargo, en esta función social, la empresa privada de servicios sociales tendrá que ser flexible y sopesar riesgos so pena de perder a sus clientes. De este modo, el productor de autopistas, por ejemplo, deberá sopesar el riego de permitir determinados índices de velocidad, o si se debe o no exigir el uso del cinturón de seguridad, junto a la expectativa de ser demandado frente a un tribunal por causa de accidentes o la provisión de servicios inadecuados o peligrosos para el resto de la sociedad. De la misma manera que muchos parques temáticos y de atracciones no permiten su uso a determinados perfiles de la población, como niños de determinada estatura, enfermos del corazón, etc., renunciando así a posibles ingresos adicionales, el proveedor de servicios viales deberá sopesar este y otros riegos a la hora de ofertar sus servicios al cliente.

¿Y qué tipo de incentivos debería poseer una justicia descentralizada para ser justa e imparcial en un entorno civil y privado si se renuncia a los impuestos?  En esencia, se trata del mismo que podría tener cualquier otra empresa de servicios que no quiera perder a sus clientes. Si no se obliga al consumidor a financiar los servicios de justicia por medio de los impuestos, lo normal es que la dinámica desarrollada resida en la satisfacción de las demandas del cliente, y un sistema judicial corrupto o que satisface los intereses de unos pocos, en lugar de los del conjunto de la población, tiene todas las posibilidades de arruinarse en su intento y verse obligada a cerrar las puertas de su negocio para que otros con más visión de futuro ocupen su lugar. Si hay una dinámica que defina hoy día a la justicia, es precisamente su visión cortoplacista que, de forma indudable, tiene su razón de ser en la no titularidad de los medios de producción políticos, pues la función del político es hoy día transitoria. La así llamada tragedia de los comunes puede explicar con facilidad la actitud de rapiña que el político, o las funciones de justicia y gobierno, ejercen sobre el medio social debido a la falta de titularidad sobre los medios que se ofertan a disposición del consumidor.

Uno de los incentivos que Shakespeare muestra en el Tribunal de Venecia para dictaminar en contra de Don Antonio y a favor de Shylock, el judío prestamista, al que éste detesta, reside en el hecho de que los ojos de la ciudad entera se hallen centrados en el caso a juzgar y el miedo de los jueces que juzgan el caso de que ya nadie quiera firmar contrato alguno en la ciudad si no se cumple el bono estipulado entre ambos. Recordemos que en aquella época la población judía se hallaba excluida en guetos y que la animosidad de la población en su conjunto por este grupo de individuos constituye una de las notas dominantes de esta obra literaria desde el principio hasta el final. Evidentemente, Shakespeare no fue un economista, sino un brillante literato, pero la dinámica de incentivos que éste presente en esta obra si puede ser estudiada desde un punto de vista económico en la actualidad. Aquí no vamos a caer en el error de pensar que con la privatización de los servicios de justicia, o de los de gobierno para el caso, se solucionen todos los problemas, pero lo cierto del asunto es que lo incentivos económicos son los que determinan la actividad empresarial de los individuos, y que el miedo a perderlo todo siempre es mucho más poderoso que las filiaciones ideológicas o de clase que uno pueda poseer. Después de todo, lo que mueve a los individuos, no son las ideas, o las buenas intenciones, sino los incentivos, y el económico es uno muy poderoso como para no tenerlo en cuenta.







[i] Véase The Quickening of Social Evolution y The Enterprise of Community

LA VELOCIDAD DEL CAMBIO SOCIAL






LA VELOCIDAD DEL CAMBIO SOCIAL

Salvando los Últimos Rápidos, Quizás











Spencer Heath MacCallum












The Independent Review
A Journal of Political Economy
Vol. II  No. 2  (Fall 1997)
 (Revised by the author 2012)






LA VEOCIDAD DEL CAMBIO SOCIAL

Spencer Heath MacCallum

Hace años leí una traducción, que se supone se basaba en datos verdaderos, sobre una de las primeras secuencias jeroglíficas egipcia, que decía que el mundo se dirigía de hecho al garete. Tras una lista de quejas, como la desobediencia de la gente joven y la constatación de que ésta ya no respetaba a la gente mayor, se acababa haciendo notar que "todo el mundo estaba tratando de escribir un libro."

Es así que cada generación tiene la impresión de que el mundo se desmorona. Existe una buena razón del porqué eso es así, y una muy fácil de entender. El mundo es algo que fluye constantemente, donde las nuevas formas siempre evolucionan a partir de las anteriores. Si nos encontramos familiarizados con los patrones más viejos, es porque los hemos vivido, pero no se puede decir lo mismo de los nuevos que emergen, pues no forman parte de nuestra experiencia. Es por esto que, a duras penas, somos capaces de reconocer los nuevos patrones que se encuentran en proceso de formación. Cómo sólo somos capaces de identificar lo ya pasado, todo lo que podemos constatar en los cambios es la desintegración del pasado, los patrones que se están perdiendo. Esto resulta muy fácil de observar en el lenguaje, cuando los pedagogos fracasan a la hora de enseñar a las nuevas generaciones las formas correctas "gramaticales" al uso. Pero el mismo fenómeno sucede en todas las áreas de la experiencia. Es así que la desintegración de la que se lamentaban los egipcios, y probablemente todas las generaciones que les sucedieron, lo es sólo en apariencia. A ésta también se la podría denominar una desintegración integradora, con la excepción de que la evidencia de la misma no se nos presenta de forma fácil ante la vista. Aquí debemos confiar más en la fe que en otra cosa.


Lo mismo sucede con los cambios sociales, el amplio barrido que efectúa toda evolución social. Sólo los cambios sociales se presentan como algo no gradual y abrupto que cambia desde unas formas comparablemente estables a su estadio siguiente, y sin embargo, siempre sobre la base de lo ya acontecido. Es como si se tratara de una escalera que estuviera compuesta de peldaños y plataformas. Las plataformas aquí consisten en planos anchos formados por las instituciones estables mientras que los peldaños representan periodos turbulentos de cambio e inestabilidad que deben sortearse antes de alcanzar la siguiente plataforma estable, justo de la misma manera en que los salmones en periodo de desove deben sortear las cascadas rocosas de los ríos antes de llegar a aguas más estables. Aquí el salmón salta y retrocede en caída, vuelve a saltar y caer, pero a cada paso éste progresa un poco más que en el paso anterior, hasta que consigue sortear toda turbulencia.

El hombre lleva sorteando rápidos en esta medida al menos durante nueve mil años. Este es un periodo comparativamente breve en relación con los miles de años que el hombre lleva ocupando la tierra, siendo estos saltos y caídas lo que se ha registrado en los libros de historia y los documentos arqueológicos, que es lo que constituyen los tropiezos y puestas en pié de la civilización misma.

La plataforma previa de la escalera, el trazo calmo de agua que tan bién conocemos y dejamos atrás, consiste en el tribalismo, o sociedad de filiación, que se caracteriza por la dependencia a un sistema familiar que adjudica funciones y actividades en el seno social. Al haber dejado este sistema atrás, la sociedad actual se halla en una fase de experimentación en torno a formas más contractuales de relación. Sir Henry Summer Maine lo dejó bien claro cuando dijo hace más de cien años en su volumen clásico Ancient Law "podemos decir que las sociedades progresivas han pasado a partir de aquí de una sociedad de clase otra contractual." (el subrayado es el original) (1986: 141).

Yo sospecho que, en tanto que hombres salmón que somos, hemos llegado a un punto donde, en la medida en que saltamos, somos capaces de comenzar a vislumbrar el siguiente recoveco de aguas calmas tras sortear los rápidos y cascadas del río. Aquí podemos vislumbrar y comenzar a realizar juicios sobre la naturaleza de las sociedades humanas en la medida en que éstas se estabilizan de nuevo en su siguiente trazo evolutivo. Aquí pretendo asumir el riesgo, que no creo que sea demasiado grande, de realizar algunas predicciones sobre la sociedad en su camino hacia la estabilidad en algún punto del presente siglo en curso y, posiblemente, más allá del mismo.

El Tribalismo versus los Estados Nación de la Actualidad

Considérese primero de dónde venimos. En tanto que antropólogo, he centrado mi atención en gran medida en torno a las sociedades de tipo tribal. La era del tribalismo es en varios aspectos, si se compara con la sociedad actual, una edad de oro, sólo superable en función de lo que aún queda por llegar. Esto no quiere decir que debamos permanecer ciegos en relación con el hecho de que la vida tribal dejaba mucho que desear. La capacidad tecnológica del hombre tribal era tan limitada que éste solía encontrarse a merced de la propia naturaleza. Esta limitación afectaba seriamente a su salud; la expectativa de vida por aquel entonces era de menos de 30 años y a duras penas permitía la prolongación biológica de la especie. Un segundo contratiempo bastante grave que se daba bajo el tribalismo consistía en la coalescencia de la vida social, tal y como esta se daba, en torno a núcleos aislados por todo el globo con muy poca o ninguna forma de cooperación entre ellos. Las oportunidades normalmente se daban de forma reducida y sólo ante los miembros y conocidos del propio círculo social en el que uno nacía.

Estos eran contratiempos bastante serios, pero que también tenían su lado positivo. Dentro de cada uno de esos núcleos aislados, las relaciones sociales poseían un sentido de orden y justicia social incomprensible para nuestra sociedad actual. La sociedad entonces consistía en pequeñas unidades de gestión, en su escala bastante humanas, y las relaciones entre sus miembros (al menos entre los hombres) tendían al igualitarismo y la justicia. El jefe del grupo, por ejemplo, si bien poseía cierta influencia y prestigio, no ejercía autoridad alguna sobre las personas que lo componían o sus posesiones. Éste tenía tanta autoridad de clase como el más humilde de los miembros. Ni existían las levas, ni se daba ningún tipo de impuestos. Todas las sociedades tribales eran bastante consistentes al menos en este aspecto. En un sentido jurídico de la libertad, una persona es libre cuando ésta puede disponer de la integridad de su persona y posesiones. La sociedad tribal era libre en este aspecto.  

Permítaseme virar sobre una advertencia. Esta generalización no incluye las fronteras transaccionales entre tribus y estados. Cuando las tribus cruzan este umbral y se convierten en estados, éstas pueden retener muchas de sus características tribales durante mucho tiempo. Sabemos que nos enfrentamos con un estado, sin embargo, cuando se institucionaliza la fuerza aceptándose ésta como una forma de conducta adecuada dentro del grupo. En The Art of Community (1970: 98-99), describo el ejemplo dado por la tribu cherokee en 1761 que se constituyó en un estado. El momento de transición fue definitivo, aunque muchas de sus características tribales se mantienen hasta hoy día. La tribu cherokee cae dentro de esta caracterización general antes de 1761, pero no después.

La sociedad moderna representa bajo el yugo del gobierno político el caso opuesto al tribalismo. Imaginémonos a la humanidad en su conjunto como un gran pájaro que intenta emprender el vuelo. Bajo el tribalismo, una de sus alas, principalmente la ciencia y la tecnología, se arrastraba por el suelo impidiendo que éste volara. Si bien esa ala se encuentra ahora libre, es nuestra organización social el ala que arrastramos impidiendo que el ave pueda emprender su vuelo. Por medio de la ciencia y la tecnología hemos sido capaces de realizar grandes progresos, doblando nuestra expectativa de vida en sólo una pocas generaciones, que es algo que podríamos lograr de nuevo, y gozamos de medios de comunicación e intercambio prácticamente ilimitados con otros seres humanos situados por todo el mundo. Todo eso es progreso. Pero en nuestra vida política nos encontramos en regresión. Más de trescientos millones de personas en los EEUU, por ejemplo, son gobernados de forma monolítica desde arriba, y su líder en funciones es un guerrero que además es general de las fuerzas armadas y que ejerce de forma regular un tipo de autoridad que difiere de la que ejercen los individuos privados en sus asuntos cotidianos. Bajo un sistema de vigilancia continua y al hallarse sometidos a tal autoridad, se anula al individuo, el cual se convierte en una mera cifra. Nuestros avances en el ámbito científico y tecnológico se encuentran en peligro por la propagación y crecimiento incontrolado de la coerción institucionalizada.

El pronóstico de vida bajo el gobierno de la nación estado es bastante desalentador si se ve bajo la perspectiva de la desintegración de las instituciones y formas de vida en las que hemos crecido o conocemos a partir de los relatos de nuestros mayores o por el estudio. Pero el cambio, tal y como he dicho antes, no se caracteriza en función del desde, sino del hacia. Éste tiene dos aspectos, siendo uno de ellos bastante invisible hasta que prácticamente nos topamos con él. Los patrones de nuevo cuño en estado de formación no son abarcados en el seno de nuestra experiencia; es así que sólo podemos ver la desintegración que el cambio trae consigo. ¿Qué hay del futuro? ¿Podrá la humanidad separar las dos alas del suelo al mismo tiempo?


La experiencia del pasado debería asegurarnos que, desde un perspectiva de conjunto, el cambio es más integrador que desintegrador. Esto es algo que se puede demostrar, pues a la larga, si la salud no fuera más contagiosa que la enfermedad, por usar una frase casera de mi padre, ninguno de nosotros estaría hoy aquí. Pero afortunadamente, nosotros, la gente salmón, hemos ganado un punto casi en la cumbre de nuestra cascada rocosa, donde no necesitamos apoyarnos sólo en conjeturas filosóficas. Bajo el ojo de la mente, por lo menos, podemos empezar a ver la cumbre de la cascada, y tras vislumbrar el futuro podemos empezar a reconocer e interpretar sucesos que están sucediendo en nuestro entorno. Aquí podemos empezar a percibir cambios evolutivos básicos que están tomando lugar en la estructura y función de nuestra organización social, cambios que pronto podríamos estar en disposición de reconocer como parte de un patrón emergente. 

El Cambio que Gana en Inercia

¿Cómo es posible que tal cambio esté sucediendo? Revisemos lo más básico. No cabe duda de que las diferencias más básicas entre el tribalismo y la sociedad actual consiste en la mayor facilidad de la humanidad para manejarse con los números. La habilidad de manipular los números hace posible, por un lado, toda la ciencia y sus aplicaciones, y por el otro, las del comercio moderno, que son mundos extraños para el hombre tribal. La facilidad con los números no es algo que por sí mismo constituya una causa suficiente, si bien se trata de un prerrequisito. Sin estos, no podría darse ni la ciencia ni la generalización del comercio, pero con los mismos, si se dan las circunstancia adecuadas, la ciencia y el comercio podrán evolucionar. La ciencia se vuelve algo posible debido a las comparaciones que los números permiten hacer sobre las cantidades, y cada razón se presenta en forma de número; de ahí la racio-nalidad  de la ciencia. Del mismo modo, el mundo del comercio se vuelve posible debido a que éste depende de los precios numéricos y la contabilidad de la deuda, el crédito, los inventarios e intercambios. Los cambios que toman lugar de forma constante en los precios coordinan toda la actividad económica.

Mi enfoque no se centra aquí en la ciencia; no es esta el ala que arrastramos. El ala arrastrada es esa de las relaciones interpersonales, y una parte fundamental de esas relaciones (la parte sanadora y creciente) reside en el comercio. ¿Recuerda aquí el lector el pasaje de los Salmos sobre la piedra que rechaza el constructor y que se convierte en la principal piedra angular? El comercio es esa piedra angular. Esto es algo que no apreciamos en su justa medida, y que desvalorizamos en muchas ocasiones. Alfred Norht Whitehead caracterizó en una ocasión la civilización como la "victoria de la persuasión sobre la fuerza." Éste elaboró este punto diciendo que "el comercio constituye el gran ejemplo de la relaciones que surge por la persuasión" ([1933] 1967: 83).

El comercio se desarrolló en la medida en que la gente aprendía a sopesar los asuntos contables de forma numérica, haciendo posible el comercio con extraños, gente de otros linajes, clanes y villas. Los números hacen posible el balance y completan las transacciones; sin números y precios, siempre queda algo atrás por un lado o por el otro. Al tratarse con conocidos (el lenguaje usado por la tribu, de forma incidental, es el de regalo más que el de comprar o vender), la falta de balances no importa; pues en el transcurso de una vida, o en un periodo similarmente extenso, al final todo cuadra. Con la contabilidad, sin embargo, las transacciones pueden completarse por sí mismas. Cada partida puede quedar satisfecha, incluso en el caso de que ninguna espere encontrarse de nuevo con la otra. Es así que por primera vez podemos hacer negocios con gente que no conocemos. Esto disuelve la tensión superficial de los núcleos tribales sociales antagonistas y hace posible el sistema global de servicios recíprocos que hoy día amplía aún más nuestra confortabilidad y vida creativa.

La Tierra como un Objeto Comercial

El comercio es central a la línea de pensamiento que se está desarrollando aquí, pero no sólo el comercio en cualquiera de las formas en que éste se despliega en el mercado. De forma más específica, quisiera centrarme en el comercio sobre la tierra. Todos somos conscientes del crecimiento y desarrollo de otras clases de comercio, pero el comercio inmobiliario ha quedado rezagado de forma comparativa con otras áreas del mercado. Una razón de este rezago puede deberse a que en Europa, antes de las revoluciones de los siglos XVIII y XIX, la tierra no era libre en gran medida, al menos no de una forma tan generalizada como para que ésta se volviera objeto del comercio. Ésta no podía adquirirse ni venderse de forma oportuna en el mercado. Este cambio sólo fue posible cuando estas revoluciones separaron de forma efectiva la tierra del estado. Es posible decir que este cambio, que poco ha sido notado por el historiador, ha constituido uno de los cambios más notables de nuestra época actual. Antes de que éste sucediera, la tierra en la Europa occidental no podía comerciarse de forma libre como el resto de cosas, sino que se encontraba atada a las progenituras dependiendo de la administración del gobierno. Fue sólo cuando la revolución se extendió por toda Europa despojando a la nobleza de todos sus adornos y poder político sin despojarles de sus títulos de propiedad sobre la tierra al mismo tiempo que ésta pudo convertirse en un artículo de venta como cualquier otro y ser así usada como capital productivo.

La nobleza como clase, sin embargo, nunca tendió a los negocios. Previamente estos se habían constituido en el gobierno, y sus élites militares nunca quisieron mancharse la manos en el comercio. Jane Jacobs, en su Systems for Survival (1992), clarifica de una forma muy bella la razón de que prevaleciese esta ética. De esta forma la aproximación a la tierra desde un enfoque empresarial partió con desventaja, y de forma bastante lenta. Incluso hoy día, la gran mayoría de propietarios inmobiliarios poseen sus posesiones como algo colateral, que en muchas ocasiones se pretende complementar con otros ingresos o pensiones, teniendo una comprensión mínima del negocio en el que se encuentran inmersos.

La Racionalidad del Negocio Inmobiliario

La racionalidad del negocio inmobiliario fue claramente elucidada en sus orígenes por Spencer Heath (1936) y se deriva del hecho de que los servicios públicos, que son cosas que disfrutamos en común en lugar de forma separada, tal como las calles, la seguridad pública, y otros servicios comunitarios, constituyen características medioambientales. De forma contraria a cualquier otros bienes y servicios, que pueden darse de forma individual estén los individuos donde estén, los bienes y servicios medioambientales se entregan a los lugares mismos ganando los individuos acceso a los mismos por medio de su ocupación. Y la gente ocupa esos lugares donde existen estos servicios. Esta es la razón de que la localización del lugar determine su valor económico. Al ser los servicios públicos una parte constitutiva del medio ambiente de cualquier lugar, cuando los propietarios alquilan o venden tales sitios, estos hacen las veces de proveedores de mercado de tales servicios, que se presentan de forma conjunta a otras ventajas del lugar.

Sólo de esta manera pueden los servicios públicos ser distribuidos como cualquier otro bien o servicio, es decir, a través de las convenciones del mercado mismo. Sólo a través de la institución de la propiedad de la tierra es que estos se pueden distribuir de forma libre y equitativa por medio de contratos, que es algo igualitario en la tradición tribal y que no se cede en tanto que privilegio o favor, que es lo que corroe las relaciones entre el gobernante y gobernado, se les ponga a estos el nombre que se les ponga. Esta función distributiva, que cede los lugares a los miembros más productivos de la sociedad en la medida en que sólo estos son capaces de pujar por los mismos, representa el servicio mínimo desarrollado por los propietarios inmobiliarios; es por esto que se les recompensa en con los ingresos por alquiler o venta. De forma tradicional, los propietarios inmobiliarios no han hecho mucho más, pues su función sólo ha consistido en distribuir tales servicios públicos y no en crearlos.

En un sector floreciente del mercado, sin embargo, esto está cambiando en la medida en que los propietarios inmobiliarios asumen también la producción y distribución de los servicios públicos. Por ejemplo, en lugar de la continuación del viejo patrón de subsidios de lotes en las vías principales, la mayoría de las tiendas de retales y comercios en los EEUU se han desplazado a situaciones donde se organiza y dirige la tierra bajo títulos de propiedad individuales, y los propietarios inmobiliarios (de los cuales puede haber varios números por medio de participaciones) proveen muchos servicios tales como calles y aparcamientos, alcantarillado y tendidos eléctricos, fuerzas de policía, jardines públicos, etc., que el gobierno proveía con dinero de los impuestos. Los centros comerciales son sólo ejemplos prominentes de lo que los profesionales del medio inmobiliario llaman "mancomunidades de ingresos" y que yo me plazco en denominar "comunidades empresariales" (que quizás pueda abreviarse como "emprecoms"), en la medida en que los servicios comunitarios son provistos de forma privada y competitiva como una empresa de negocios.[i] Las tiendas de retales no son las únicas que han adoptado esta fórmula; lo mismo está pasando a lo largo y ancho de un amplio espectro de usos de la tierra (recreacionales, industriales, profesionales, médicos y algunos residenciales).

La fórmula consiste en que los propietarios de un trazo de tierra inviertan en mejorarla de tal forma que se cree para cada uno de los rentistas distintas parcelas de uso óptimo en función de cada interés. Los gerentes que compiten entre sí ofreciendo tales propiedades tienden a pujar los alquileres a la baja, mientras que los futuros inquilinos lo hacen al alza en función de lo que estos estén dispuestos a pagar. En esta medida, los propietarios tienen éxito a la hora de ofertar sitios medioambientales óptimos; las rentas no sólo financian los servicios públicos comunitarios en tales lugares sino que además permiten ingresos adicionales. Debido a que estas empresas comunitarias o emprecoms producen unos ingresos de mercado, son autosuficientes y no necesitan volverse obsoletas como las ruinas de la antigüedad. Como producen ingresos éstas serán mantenidas; éstas serán renovadas o reconstruidas en función de las necesidades para que así puedan seguir siendo productivas y competitivas.

 Las emprecoms son algo novedoso en el mundo siempre cambiante de los negocios. Éstas representan una porción más pequeña de la historia escrita que toda la historia en relación con el tiempo que el hombre lleva sobre la tierra. Desenvolviéndose de forma rudimentaria durante el siglo XIX, éstas florecieron durante el XX. A partir del segundo cuarto del siglo XIX, y de forma acelerada a partir de la segunda guerra mundial, éstas evolucionaron y proliferaron en número, clase, tamaño y complejidad en la medida en que los emprendedores de esta nueva clase de negocios crearon miles de entornos especialmente diseñados para satisfacer las necesidades de sus clientes (los mercaderes, viajeros, manufactureros, residentes y profesionales de todo tipo). Cada tipo de medioambiente especializado que tuvo éxito en el mercado fue por causa de la satisfacción de estas necesidades en cada uno de sus nichos económicos. Es así que hemos presenciado en sucesión continua el crecimiento de hoteles, edificios de apartamentos, oficinas (en los rascacielos), cruceros de lujo, centros comerciales y supermercados, campings de caravanas (que ahora se manufacturan como mancomunidades de inquilinos rentistas con la nota distintiva de ser alquileres de largo plazo y que pueden ser hipotecados de forma individual), las marinas, los centros de investigación, de negocios, las clínicas, parques de atracciones (y también la combinación, que va en aumento, e integración de estas formas de propiedad para formar otras más complejas y, sobre todo, menos especializadas). En la medida en que éstas se vuelven la nota común, se aproximan a eso que se conocen como comunidades.

Además, la rapidez de desarrollo de tales empresas ha sido dramático. En forma de ilustración, decir que el desarrollo del centro comercial tras la segunda guerra mundial fue experimental. En cualquier parte del país había menos de una docena de los mismos; incluso el nombre quedaba por acuñar. Hoy por hoy hay más de cincuenta mil sólo en EEUU, y estos acomodan a más de la mitad de las tiendas de retales de la nación.

Cada tipo de emprecom acusa necesidades de dirección determinadas por el tipo de mercado especial a los que éstas proveen. El centro comercial, por ejemplo, tiene que poder contar con un equipo de retales efectivo. Todo equipo necesita un entrenador, y en el centro comercial este papel lo cumple la dirección. La función de la misma incluye el mantenimiento de la paz y el la cooperación entre grupos de mercaderes altamente competitivos. Los comerciantes reconocen la posición única de la dirección para cumplir este papel en la medida en que ésta representa los intereses de la tierra y, de forma consecuente, es imparcial y se interesa por el centro en su totalidad. A diferencia de los inquilinos a los que ésta sirve, que de forma inevitable se encuentran sesgados por su intenrés de explotación del centro en tanto que lugar común, el incentivo de la dirección residen en el éxito del centro comercial como un todo. 

Desde el punto de vista de la evolución social, resulta intrigante que la necesidad de la dirección por las emprecoms sea en principio indistinguible de los requisitos administrativos de eso que percibimos como una comunidad. Básicamente, las emprecoms difieren de las comunidades sólo en un sentido general por causa de la especialización (la menor heterogeneidad) de sus miembros. Los índices de ingreso poblacional y la riqueza de sus interacciones no son de forma significativa diferentes. Además, la tendencia inequivocable en el último siglo ha consistido en su aumento y complejidad (que se acerca cada vez más a la definición de comunidad en un sentido estricto). No sería algo muy radical, si los impuestos lo permitieran, que un agente inmobiliario desarrollara un pueblo nuevo sobre bases mancomunitarias y como agente de inversión e ingresos en el largo plazo. En lugar de estar estructuradas desde el punto de vista político, es decir, por medio de los impuestos, esta administración pública otorgaría ingresos a sus inversores. 

Spencer Heath razonó en una ocasión que si un pueblo nuevo fuera desarrollado sobre la base de títulos de propiedad unificados y parcelando la tierra por medio de mancomunidades de rentistas a largo plazo en lugar de ser subsidiadas, dispondríamos de una propiedad comunitaria que se asemejaría en principio a un hotel que se extendería de puertas a fuera y de largo alcance escritural. Como en el caso del hotel, se daría un interés empresarial centrado en el todo. Si se tiene en cuenta el tamaño y complejidad de algunos hoteles contemporáneos, esta sugerencia de que los hoteles podrían ser las ciudades prototipos del futuro se hace más creíble hoy que cuando entramos en contacto con esta idea por primera vez hace más de ochenta años. El hotel MGM Gran de las Vegas, que en ninguna medida es de los más grandes, se anuncia a sí mismo como una ciudad auto-contenida. Y en verdad se acerca éste a una comunidad generalizada, pues éste dispone de centros comerciales, oficinas de negocios, centros de convención, restaurantes y cafés, capillas, teatros y galerías de arte, servicios médicos, fuerzas de seguridad, una estación monorraíl, y la lista continúa. Sus inquilinos, los profesionales y tiendas de retales que lo habitan, los trabajadores y visitantes, constituyen en conjunto una población más extensa que la que disponían las ciudades de Boston, Nueva York o Filadelfia en la época en la que EEUU se separó de Inglaterra.

La Teoría de la Empresa Comunitaria:
Henry George, Ebenezer Howard, Spencer Heath

 Todavía no tenemos un cuerpo teórico comprensivo que trate sobre la proliferación de mancomunidades de ingresos que prometan convertirse en comunidades plenas. Si tal teoría existiera, sería la que desarrollaron durante el siglo XIX gente que se encontraba fuera de los centros académicos y cuyo trabajo escrito es poco conocido en la actualidad. Entre los más prominentes de tales individuos se encontraban Henry George (1839-1897), Ebenezer Howard (1850-1928), y Spencer Heath (1876-1963).

Henry George, que fue un economista bastante sobresaliente, científico político y orador, hizo una contribución mayoritaria a finales del siglo XIX. Éste tuvo varios distinguidos predecesores, entre los cuales se hallaban William Ogilvie, Thomas Spence, Patrick Edward Dove y el primer Herbert Spencer. Pero ninguno de ellos se acercó a la contundencia con la que éste publicó la idea de que las rentas por el alquiler del suelo, que son ingresos provenientes de la tierra, constituían un tipo de fondos "ordenados de forma natural" para financiar los servicios públicos. Desafortunadamente, el método que éste vislumbró para aplicar tales principios residió en la capacidad del gobierno para recolectar tales ingresos, lo que deja fuera del asunto a los propietarios inmobiliarios. De esta manera, las comunidades Georgistas, en teoría no habrían sido propiedades inmobiliarias, como tampoco competitivas o empresariales en ningún sentido. Su confianza en el poder coercitivo del gobierno, que constituye su "ramalazo político," podría explicar tanto como cualquier otro factor individual la razón de que su argumento callera en la obscuridad. El economista Fred Foldvary en su Public Goods and Private Communities: The Market Provision of Social Services, sólo ha podido hoy día, después de un siglo, comenzar a reintroducir la relación entre rentas y servicios públicos dentro de la discusión pública y académica.

 Ebenezer Howard fue un inglés práctico y modesto que, sin embargo, a diferencia de Henry George, fue un ensoñador social con una capacidad de visión extraordinaria. A pesar de la limitación de sus medios personales, éste fundó el movimiento England’s Garden City y fue responsable por el éxito y desarrollo de dos ciudades fuera de Londrés edificadas sobre lo que antes había constituido terreno rural. Letchworth y Welwyn son hoy pequeñas pero prósperas ciudades financiadas con los ingresos mancomunitarios de rentistas, y hasta donde puedo saber, carentes de toda financiación pública. Por el contrario, el gobierno socialista británico (labour government), tras nacionalizar ambas ciudades después de la segunda guerra mundial (al ser la tenencia privada de tales ciudades por una compañía algo que se salía de la ideología política del momento), sintió vergüenza por la cantidad desorbitada de ingresos que se encontró recibiendo de las mismas; pero al no tener espíritu empresarial, éste no supo qué hacer con los mismos. Aunque Howard nunca conoció en persona a Henry George y se mantuvo lo más lejos posible del gobierno, éste consideró su "ciudades jardín" (garden cities) como la aplicación natural del ideal georgiano de liberar la producción de los impuestos y la fundación de los servicios públicos con dinero proveniente de las rentas de alquiler.  

De forma inexplicable, la parte más significativa del trabajo de Ebenezer Howard ha sido eclipsada por la ideas de Henry George. La innovación de financiar lo comunitario con medios privados derivados de los ingresos de la tierra y, a partir de ahí, la renuncia a los ingresos públicos relativos a los impuestos ha sido olvidada en la literatura de la planificación de la ciudad. Su Garden Cities of Tomorrow ([1902] 1965) ha adquirido la categoría de pedestal clásico nunca leído. La pura innovación física de sus ciudades, por otro lado, como su diseño y control de la densidad poblacional, los reglamentos funcionales de urbanización y pulmón verde, son ampliamente copiados. Pero lo que él mismo hubiera esperado ser su mayor contribución ha sido olvidada.

Howard no se comprometió al principio con la idea de si sus ciudades jardín deberían ser estructuradas como venturas comerciales o, de forma alternativa, como empresas fideicomisarias sin ánimo de lucro. Pero para asegurar la buena fe de socialistas fabianos como  George Bernard Shaw, que estuvo entre sus primeros defensores, éste eligió el último curso de acción. Sin embargo, su contable, C.B. Purdom, escribiendo en años posteriores, atribuyó la lentitud de ambas ciudades en salir adelante y la falta de visión general de su equipo de dirección subsiguiente, a la ausencia de cualquier provisión de participaciones en la tal ventura (1949: 345). Tal mediocridad directiva puede explicar por qué las dos ciudades permanecen en la oscuridad hoy día. Éstas fracasan a la hora de proporcionar algo más que un entorno de vida atractivo para sus ochenta mil ciudadanos. Tal y como afirma uno de sus defensores de la forma más simple:

          Howard y sus asociados cometieron un error propagandístico al instaurar Letchworth y Welwyn, y fue el de edificarlas a una hora de viaje de la ciudad de Londres. Una debería haberse construido en alguna isla lejana como la de Mauricio, y la otra en la república soviética de Uzbuzchakistan. Los planificadores y periodistas las habrían visitado y escrito sobre ellas, y ahora tendríamos copiosos volúmenes sobre ellas. También nos habríamos ilusionado con ellas en tanto que logros sin parangón, y querríamos saber por qué no podríamos tener lugares similares en medio del arrollo inglés. (Osborne 1946: 36)

Spencer Heath fue un ingeniero, manufacturero, horticultor, poeta y, en última instancia, filósofo de la ciencia y pensador social que realizó su principal trabajo durante los años del New Deal de Roosevelt, una edad esta definida por la ascensión en aumento del gobierno en América. Que éste no fuera un académico y que fuera "políticamente incorrecto" puede ayudar a la hora de explicar por qué sus teorías sociales ganaron tan poca popularidad. El punto culminante de su pensamiento tuvo lugar durante los primeros años de la década de 1930, que fue cuando éste concluyó que los derechos de propiedad constituían una alternativa frente a la política. En 1936 éste se auto-publicó una monografía, Politics Versus Proprietorship, en la que inauguró por primera vez la racionalidad de la empresa comunitaria.

El genio de Heath consistió en ver que el programa de Henry George, que permitiría prescindir de los impuestos en lo relativo a la producción privada y financiación de los servicios públicos a partir de los ingresos provenientes de las rentas del suelo (de ahí el nombre de "impuesto único"), satisfacía de lleno los intereses de los propietarios de tierras. Pues si un propietario de tierras asumía todos los costes de la administración pública y liberaba la producción privada de los impuestos y las cargas relativas a la regulación, la productividad se dispararía, los sitios y lugares serían muy demandados debido a la nueva actividad empresarial, y ello resultaría en unos mayores ingresos que cubrirían los costes de gobierno dejando margen para el lucro personal de los propietarios inmobiliarios. Éste creyó que los intereses liberales en la empresa inmobiliaria tomarían la cabecera en última instancia en un entorno privado libre de impuestos y que en su propio interés estos asumirían los costos de gobierno. Heath completó la idea de Howard al dotarla del motor empresarial. Por medio de vislumbrar el modo en que los propietarios de tierras habrían de asumir toda la responsabilidad en cuanto a las funciones de gobierno, éste anticipó la transición de negocio público a negocio privado, lo que constituía un campo virgen para la inversión empresarial e inmobiliaria.

El Paradigma de la Sociedad del Desarrollo

Si realizáramos ilustraciones del futuro con una brocha lo suficientemente ancha, podríamos cubrir a menudo la totalidad del tema tratado realizando "una joya." Las predicciones más interesantes, debido a su dificultad, son esas que aterrizan en lo concreto. Tengo confianza a la hora de predecir que la administración de la empresa comunitaria acabará reemplazando a la política, y aunque el tiempo a tardar constituya parte de la predicción en sí, no me sorprendería si esta tuviera lugar en el transcurso de vida de muchos. Dejando el tiempo fuera, sin embargo, la visión de conjunto que propongo es una en la que las comunidades de tipo autosuficiente serán la norma (enclaves empresariales mancomunitarios en lugar de subdivisiones como forma escogida de tenencia para la mayoría de usos comerciales, industriales y residenciales). Los impuestos, las licencias y demás cargas burocráticas restrictivas sobre estas empresas se volverán cosas del pasado. El Estado acabará marchitándose, por tomar prestada una imagen de Marx, en la medida en que sus funciones serán satisfechas de forma mucho más efectiva por medio de un mercado siempre cambiante.

Las predicciones más detalladas son aptas para llevarme hasta la multitud. Teniendo en cuenta los peligros, sin embargo, estoy predispuesto a dar respuestas ante una de las preguntas que se presentan con más asiduidad:

¿Qué Pasará con las Fronteras Nacionales?

Perdiendo ya prominencia debido al crecimiento del ciberespacio, veo las fronteras nacionales como restos del pasado. Por pura conveniencia, las fronteras titulares entre federaciones comunitarias autónomas podrán surgir siguiendo características naturales tales como los ríos, las montañas o las identidades lingüísticas del lugar. La percepción de Jane Jacobs de que los colectivos naturales de la sociedad se constituyen en la ciudad en lugar de en las naciones estado debería ser algo ya autoevidente.

¿Serán todas las Comunidades Iguales?

Lo más probable es que existan una variedad mucho mayor de la que existe hoy día debido a la especialización de las comunidades para atraer al cliente, descubriendo cada una de ellas su nicho ecológico en el seno de una economía global siempre cambiante. Las emprecoms existentes del mismo tipo varían entre sí incluso hoy día. Téngase en cuenta, por ejemplo, los distintos tipos de hoteles existentes. Aquí encontramos centros residenciales, resortes turísticos, de trasiego, étnicos, tipo dormitorio, casinos, de lujo, etc., con la subsiguiente lista de subcategorías o híbridos dentro de cada grupo.

¿Cómo serán de Grandes estas Comunidades?

El tamaño estará determinado por consideraciones de mercado. A excepción, quizás, de algunos centros temporales y demás situaciones concretas, yo sospecho que en la sociedad tribal, "el tamaño óptimo" no será demasiado grande debido a cuestiones relativas a la administración, es decir, que se tratará de comunidades con unos pocos miles de personas, lo que permitirá reconocer a su miembros a la vista. En etapas sucesivas, tales comunidades empresariales se asociaran de forma informal o de otra forma, tal y como hacen las cadenas o franquicias de negocios hoy día al objeto de lograr funciones que se manejan mejor gracias a la cooperación en niveles superiores. Las preferencias del consumidor siempre serán un factor determinante. Algunas comunidades se fusionarán, lo que resultará en centros poblacionales con mayor densidad urbana, mientras que otros serán rurales. De forma inevitable, se darán compuestos formados a partir de distintas comunidades de varios tipos de la misma forma en que los átomos se agrupan para formar unidades mayores o moléculas más complejas.

¿Será la Sociedad Democrática?

 La palabra democracia, tal y como de forma tan hábil sintetizó E.C. Riegel (1978:77-81), tiene dos significados. Ésta puede significar autonomía individual donde todos son iguales en autoridad sobre sus respectivas personas y propiedades, o se puede referir al proceso de decisión política cuyo resultado se determina votando. se dice que Jonathan Swift ha comentado sobre el último sentido de democracia diciendo de forma irónica que "alguna gente no tiene otra forma de elegir entre el bien y el mal que contando narices."

El voto político, mientras que su intento, y a menudo durante un tiempo su efecto, consiste en moderar la autocracia, sin embargo conlleva la unión de un grupo de personas contra otro. No se trata de un proceso relativo a la propiedad. Para los perdedores, que son gobernados por la mayoría ganadora, ésta puede ser tan opresiva como el más autocrático de los regímenes. En la subdivisión de la tierra, donde la ausencia de una autoridad responsable debido a la fragmentación de los títulos de propiedad no suele dejar a sus residentes otra opción que la de votar, encontramos las semillas del Estado.

Las subdivisiones gobernadas por las asociaciones de propietarios de tierra contrastan de forma aguda con las emprecoms. A la dirección de la asociación se le adjudica el mantenimiento de las calles y otras áreas comunes en conformidad con un conjunto de reglas preestablecido. La mayor parte de este papel es el de hacer cumplir el tipo de pactos restrictivos en las escrituras. Aparte de su función de mantenimiento, por lo tanto, se trata de un acuerdo policial. Las emprecoms, por otro lado, buscan crear un espacio de vida que sea capaz de atraer al patrocinio. La conformidad y el patrocinio constituyen fines opuestos, y su psicología varía de forma acorde. En una los residentes están sujetos a las restricciones impuestas por las escrituras y, por lo tanto, de forma bastante literal, se encuentran sometidos. En el segundo caso, los residentes son clientes; patrones de forma efectiva. Además, la dirección de la asociación debe ser rígida para poder ser efectiva, mientras que el empresario debe de ser más bien flexible dentro de su propio sistema de reglas, juzgando cada caso particular en función de sus propios méritos (MacCallum 2010). 

Las asociaciones de propietarios son a menudo llamadas democráticas en la medida en que los procesos de toma de decisión son acompañados del voto. Pero las emprecoms no son menos democráticas, en el sentido de que sus residentes votan todo el tiempo cuando pagan sus rentas. Una diferencia es que en la primera, cada individuo no sólo afecta con su voto a uno mismo, sino también a los demás al determinar asuntos que afectan a todos en general. En la última, cada voto afecta sólo a uno mismo. Estos contrastes en cuanto al uso reflejan sentidos muy diferentes de la misma palabra.

La subdivisión y los arriendos coexistirán sin lugar a dudas bien entrados en el futuro, y por lo tanto, también ambas formas de democracia. Mientras que el resultado entre ambos quedará determinado por preferencias de mercado, la forma propietaria y no política será la que más probabilidades tendrá de subsistir. Una buena razón es que los arriendos permiten la flexibilidad y reubicación continua, incluso en relación con el tendido de las calles y otras áreas comunes, sin infringir los derechos de propiedad, y en esto consiste una ventaja inconfundible en un mundo definido por el cambio tecnológico constante. La razón más básica, sin embargo, es que el alquiler de la tierra hace posible que una comunidad sea llevada como una empresa de negocios. La dependencia que toda empresa de este tipo tiene sobre los beneficios representa un factor importante de protección contra la arbitrariedad que no se encuentra en los acuerdos de subdivisión (MacCallum 1996, 18: II.D.6 nota 6 a pié de página), y ello obliga a la provisión de servicios públicos en una dinámica que no poseen las subdivisiones comunitarias. 

¿Qué Pasa con los Individuos que Prefieran las Subdivisiones a los Alquileres de Tierras?

Por lo menos en el presente, y quién sabe durante cuánto tiempo en el futuro, la idea de poseer uno mismo una parcela de terreno seguirá siendo bastante sugerente para el individuo. Allí donde exista demanda, el mercado siempre encontrará la forma de proveerlo. Algunas comunidades ofrecerán sin lugar a dudas aproximaciones a la subdivisión a través de alquileres de largo plazo, donde también se incluyen esos que se realicen a perpetuidad, los ya pagados de por vida y las herencias. Pero como asunto práctico, algo como las cotas simples estarán a disposición en la mayor parte del globo durante tanto tiempo como pueda vislumbrarse en el futuro.

¿Será esto como el Feudalismo?

No se tratará de feudalismo, sino de señoríos; ambos términos suelen confundirse. Los señoríos son una forma agraria de organización social, mientras que el feudalismo consiste en un orden militar impuesto sobre aquél, normalmente por conquista, y es así que ambos términos suelen confundirse. El feudalismo normando fue impuesto sobre una Inglaterra predominantemente señorial tras 1066.

Si se pregunta si las empresas comunitarias se parecerán a los señoríos, la respuesta es que sí, pero con la siguiente explicación. Pues aunque estos estuvieron estructurados de forma similar, los señoríos no progresaron. De forma presumible, la razón se debe al hecho de que estos se dieran antes de su tiempo.

Uno de mis profesores de la Universidad de Chicago, Sol Tax, realizó en una ocasión un trabajo de campo en las tierras altas de Guatemala y escribió un libro llamado Penny Capitalism. Éste describió un sistema de mercados indios de tipo laissez-faire en la más pura tradición de Adam Smith y que aparentemente ya lo eran desde antes de la conquista española. La pregunta que éste lanzó fue que, si esas gentes disponían de libertad, por qué no se habían enriquecido. La respuesta que éste sugirió fue que la creación de riqueza requiere mucho más que la mera libertad. Ésta requiere de instituciones bastante complejas y el desarrollo de una sociedad de mercado. En la población nativa de Guatemala la idea de firma no se había desarrollado al faltarle la disposición de determinados fenómenos de mercado sobre los que ésta depende, como la creación de un sistema de precios, las finanzas y la banca, los seguros, etc. La unidad de producción residía en la familia y no en la firma.

La distinción entre firma y familia es crucial. Las firmas son impersonales en el sentido de hallarse especializadas, con fines bien definidos, y alistan empleados sobre la base de su habilidad y experiencia, siendo orientadas de forma única hacia las relaciones de mercado. Las familias, por otro lado, necesariamente se dejan llevar por otras cuestiones en las que, por ejemplo, la recreación, el matrimonio o las muestras de respeto por los miembros fallecidos pueden ser superiores a cualquier otra cosa. Éstas no pueden alistar o despedir a no ser que sea de forma limitada a través del matrimonio, el divorcio o por medio del reconocimiento de lazos familiares extensos; la familia debe acoger a la vieja tía Flora y al irascible primo Juan.

Las disposiciones señoriales consistían en venturas familiares con apariencia de negocios desde la perspectiva actual. Debido a su naturaleza más evolucionada y al hecho de que está operará en un entorno totalmente diferente, es decir, en una economía global y competitiva engranda en relaciones de apoyo financiero y servicios institucionales de todo tipo, la empresa comunitaria hará cosas impensables para los señoríos medievales. Cometemos un grave error a la hora de entender a las emprecoms bajo el prisma del señorío medieval o tribal de la aldea.

¿Qué es lo que Impedirá a los Gerentes de las Emprecoms de Convertirse en Tiranos?

¿Si se mira alrededor, qué es lo que se ve? Si rebuscamos entre los registros de los cientos de miles de emprecoms hoy día es posible que nos encontremos con auténticas historias de terror, pero se tratará de la excepción y de algo pasajero. Hace años realicé un estudio de campo sobre el tipo de situaciones problemáticas que surgen en los campings para caravanas y centros comerciales, y sobre cómo se solucionaron (1971). Durante el estudio en curso un gran número de historias bastante entretenidas salieron a la luz, pero ninguna de ellas llegó a la categoría de cuento te terror. El hecho es que la mayor parte de las veces la gente de negocios se cuide de satisfacer las necesidades de sus consumidores, pues es eso lo que les mantiene en el negocio. Si estos se vuelven negligentes, pierden el negocio o alguien se lo compra para restituir su rentabilidad.

En contraste, las comunidades políticas no dan lugar a grandes asombros, pues sabemos qué esperar de ellas. Pero no deberíamos buscar la consistencia perfecta en ninguna categoría, política o económica, pues Lucifer habita incluso en los cielos. Lo que cuenta es el comportamiento característico que solemos encontrar en las venturas comerciales, que se basa en el servicio, por contraposición a la empresa política, cuya naturaleza es predadora. Tanto la una como la otra puede salirse de su papel en ocasiones, pero tales excepciones no hacen más que justificar la norma.

¿Cómo será la Toma de Decisiones a un Nivel Global?

Imaginémonos un despliegue global de emprecoms en tanto que comunidades autónomas de tamaño pequeño a moderado, aglomerándose por aquí y por allí de formas variadas al objeto de crear agregados de población más densos. Éstas se parecerán a lo que los antropólogos llaman sociedades "acéfalas" o "sin estado," cooperando más bien de forma informal a varios niveles por medio de redes de contactos. Este enfoque se lo debo a la antropóloga Virginia H. Hine  (1977: 1984).

¿Pero no son los Incentivos lo que Gobiernan todo esto?

Sí, los incentivos son lo que hacen que la empresa comunitaria sea auto-suficiente, y que se mantenga gracias a sus servicios. El comercio está muy poco valorado y se le estima menos. La gran tendencia que se encuentra en aumento hoy día es que la tierra sea administrada en tanto que capital productivo, y en este proceso es que presenciamos la evolución natural de mancomunidades de arrendatarios y tenencias (precisamente lo que Henry George, Ralph Borsodi y otros propusieron como cura frente a la excesiva especulación sobre la tierra). Pero lo que no vieron es que cada cura surge de forma emergente a partir de los procesos de mercado, gracias a los negocios ordinarios y el incentivo de sacar provecho. Se hace algo extraño que fuera precisamente Spencer Heath el que anticipara todo esto de esta manera.

A un nivel individual el incentivo por obtener ganancias tampoco está bien entendido. La mayor parte de las veces, la gran motivación del hombre de negocios con éxito es estética. Mientras que la obtención de beneficios suele mostrarse como algo frío y calculado sobre la base del actuar, la mayoría de los hombres de negocio suelen apasionarse por eso que hacen. Estos ven los negocios como un desafío y esfuerzo creativo. Se trata de un juego que requiere de una plantilla de anotaciones para permitir a los jugadores saber si lo están haciendo bien o no, y los beneficios lo son. Tal y como ocurre en cualquier otra empresa, las operaciones realizadas con éxito por parte de una comunidad empresarial demanda que la autoridad propietaria tome decisiones y actúe responsablemente sobre la base de esas decisiones. También demanda que exista la posibilidad de obtener beneficios de tal forma que el juego, en este caso una comunidad que atrae y conserva a sus clientes, pueda continuar. En esto consiste un desafío gratificante para ese que se halle inclinado hacia los negocios. Todos estos elementos se encuentran presentes en el negocio comunitario del alquiler del suelo.

¿Por qué debería un Cambio tan Radical Suceder ahora tan Rápidamente en Lugar de Hacerlo de Forma Gradual Durante un Largo Periodo de Tiempo?

Sabemos gracias a la historia que cuando las condiciones son las apropiadas para una nueva clase de desarrollo, tal desarrollo toma lugar de forma apresurada. En este caso sólo necesitamos acordarnos del papel crucial desempeñado por los cálculos numéricos que nos permiten desarrollar la ciencia y el comercio, y luego observar que algo espectacular está sucediendo hoy día. El uso de ordenadores ha aumentado nuestra habilidad para manipular no sólo los números sino también la información de todos los tipos por orden de magnitud, y esta habilidad ha ido progresando a un nivel exponencial. Además, el ordenador personal y las publicaciones electrónicas, al traer las bibliotecas a casa y hacer posible el trabajo esté uno donde esté, está dando a la gente el poder como individuos permitiéndoles realizar un éxodo a partir de la regimentación de la fuerza de trabajo. Aquí tenemos un proceso descentralizador dentro del propio mercado de magnitudes nunca sospechadas.

Por esta y otras razones, si la humanidad sobrevive en el corto plazo, las emprecoms podrían convertirse en la forma de comunidad preferida dentro de unas pocas generaciones. En ese tiempo, si esto sucede, no tendremos que abandonar el gobierno tal y como lo conocemos hoy. Simplemente, y sin mayores espectáculos, éste se nos quedará pequeño haciendo que sus antiguos trabajadores sean absorbidos en empresas más productivas. Las sociedades humanas, que a un nivel tribal manifiestan el patrón normal de sociedad aunque sea a un nivel todavía demasiado inmaduro, habrá madurado tomando su propio camino. La humanidad habrá sorteado al fin este peldaño de la evolución social. Y todo se habrá nivelado.  


Spencer H. MacCallum
Revised 2014
sm@look.net




Referencias


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[i] El uso del término “comunidad” tiene una larga historia antropológica y resulta adecuado aquí  (artículo no publicado de MacCallum “Planned Communities without Politics”).